Etica e IA 6 min lectura

El valor del trabajo en la era de la IA: lecciones desde MIT

Michal Masny, investigador en ética de la tecnología en MIT, sostiene que el trabajo aporta sentido social, reconocimiento y comunidad, además de ingresos. Advierte que reducir o eliminar el trabajo no sería una solución inequívocamente buena y defiende formar científicos con conciencia ética desde el inicio.

Por Redaccion TD
El valor del trabajo en la era de la IA: lecciones desde MIT

¿Por qué el trabajo importa?

La pregunta sobre qué hace valioso al trabajo ha cobrado nueva urgencia en una época marcada por la automatización y el avance de la inteligencia artificial. Michal Masny, investigador postdoctoral en la NC Ethics of Technology Fellowship del Departamento de Filosofía del MIT, aborda este tema desde la filosofía moral y política con una mirada que alcanza tanto lo individual como lo social.

Según Masny, reducir el valor del trabajo a la mera remuneración es una visión incompleta. El trabajo ofrece espacios para desarrollar excelencia, hacer aportes sociales, ganar reconocimiento y sostener comunidades. Estas dimensiones contribuyen al bienestar humano de maneras que el ocio por sí solo no siempre puede reemplazar.

¿Menos trabajo equivale a mejor vida?

Frente a propuestas como acortar la semana laboral o eliminar el trabajo, Masny advierte que no existe una respuesta universalmente positiva. Mientras que más tiempo libre puede beneficiar a muchos, su investigación sugiere que la ausencia total de trabajo podría empobrecer aspectos esenciales de la vida social y personal. Por eso plantea que lo más sensato es buscar combinaciones óptimas entre trabajo y ocio, en lugar de suprimir uno u otro por completo.

Esta postura invita a repensar políticas laborales y modelos de bienestar: no basta con transferir renta o promover tiempo libre si no se consideran las funciones sociales y formativas del trabajo.

Educación: cerrar la brecha de sabiduría

Masny impulsa una transformación en la formación de científicos e ingenieros. Su propuesta central es integrar enfoques éticos y jurídicos desde las etapas iniciales de la formación técnica para evitar lo que él llama una ‘brecha de sabiduría’ entre quienes crean tecnologías y quienes las evalúan.

En palabras de Masny, la división tradicional —donde científicos inventan y filósofos o abogados regulan después— ya no funciona con el ritmo de innovación actual. Por eso aboga por educar a ‘constructores’ que piensen en las implicaciones sociales, políticas y éticas de sus proyectos mientras los diseñan y escalan.

Para la audiencia latinoamericana, esto implica revisar planes de estudio universitarios y programas de posgrado: integrar módulos sobre ética de la tecnología, riesgos existenciales y evaluación social en carreras de ingeniería, ciencias de la computación y emprendimiento tecnológico.

La experiencia en MIT: investigación y docencia aplicada

Masny llegó al MIT en otoño de 2024 tras un año como postdoctorado en el Kavli Center for Ethics, Science, and the Public de la Universidad de California en Berkeley. Es oriundo de Polonia, tiene un doctorado en filosofía por la Universidad de Princeton y estudió en Oxford y Warwick. Sus áreas principales son la teoría del valor, la ética de la tecnología y la filosofía social y política.

Durante su estancia en el MIT ha desempeñado actividades diversas que combinan investigación y enseñanza:

  • Enseñó el curso de pregrado 24.131 —Ethics of Technology— y coimpartió STS.006J/24.06J —Bioethics— con la profesora Robin Scheffler.
  • Lideró un grupo estudiantil titulado «Deepfakes: Ethical, Political, and Epistemological Issues» dentro del programa Social and Ethical Responsibilities of Computing (SERC). El grupo exploró las dimensiones éticas y políticas de las deepfakes y estrategias para mitigarlas.
  • Participó en el ciclo de investigación y tutelaje que culminó con una sesión de pósters durante el MIT Ethics of Computing Research Symposium en el MIT Schwarzman College of Computing.
  • En verano de 2025 colaboró en el curso 24.133/134 —Experiential Ethics— en el que estudiantes someten a escrutinio ético sus proyectos de computación e ingeniería con el apoyo de filósofos entrenados.

A través de estas actividades, Masny busca que la filosofía deje de ser un acompañamiento externo y pase a formar parte integral del proceso creativo y técnico.

Investigación: riesgos, bienestar y futuro del trabajo

La agenda investigadora de Masny incluye temas que conectan directamente con los debates públicos sobre IA: la naturaleza del bienestar humano y animal, nuestras obligaciones con generaciones futuras, riesgos de extinción humana, el futuro del trabajo y tecnologías anti-edad. En el marco de la fellowship publicó varios artículos sobre cuestiones éticas vinculadas al futuro de la humanidad, aportes relevantes para quienes evalúan el impacto social de la IA y otras tecnologías emergentes.

Su aproximación vincula la reflexión teórica con preocupaciones prácticas: cómo estructurar instituciones, políticas y prácticas profesionales para minimizar riesgos y maximizar el bienestar colectivo.

Comunidades de práctica y aprendizaje activo

Masny valora especialmente las oportunidades de colaboración interdisciplinaria que ofrece el MIT. Para responder a preguntas complejas sobre trabajo, tecnología y sociedad, es necesario dialogar con científicos, ingenieros, juristas y responsables públicos. Por eso promueve formatos de enseñanza menos tradicionales: clases que fomenten discusión activa y eventos participativos en vez de conferencias unidireccionales.

Estas comunidades de práctica son también espacios donde se ensayan soluciones concretas, desde la creación de materiales didácticos hasta la elaboración de marcos de evaluación ética aplicables a proyectos reales.

Relevancia para América Latina

Las reflexiones de Masny sobre trabajo y formación ética son especialmente pertinentes para América Latina. La región enfrenta desafíos combinados: necesidad de impulsar desarrollo tecnológico, déficit de formación ética en carreras técnicas y desigualdades que pueden agravarse con la automatización.

Al integrar formación en ética tecnológica desde el inicio, universidades y centros de investigación latinoamericanos pueden preparar a profesionales que diseñen soluciones tecnológicas con sensibilidad social. Asimismo, adoptar prácticas de evaluación ética aplicada —como las que promueve Masny en cursos experienciales— puede ayudar a empresas y gobiernos a anticipar impactos y evitar daños sistémicos.

Por último, reconocer al trabajo como fuente de sentido y comunidad ayuda a pensar políticas laborales que no solo compensen económicamente, sino que también impulsen participación social, reconocimiento y desarrollo de habilidades.

Conclusión

La investigación y la docencia de Michal Masny en MIT ofrecen una guía para repensar el lugar del trabajo en nuestras vidas y para rediseñar la formación de quienes crearán las tecnologías del futuro. Más que promover la eliminación del trabajo, la propuesta gira en torno a equilibrar trabajo y ocio, proteger las funciones sociales del trabajo y formar profesionales capaces de anticipar y mitigar riesgos éticos.

Para las instituciones latinoamericanas —universidades, centros de investigación y formuladores de políticas— la invitación es clara: formar constructores responsables desde el inicio, integrar la ética en la práctica técnica y construir comunidades que sostengan tanto el desarrollo tecnológico como el bienestar social.

Fuente original: MIT News AI