España se posiciona como centro de la investigación contra el odio online
Impulsados por iniciativas gubernamentales y académicas, España se ha convertido en un foco de investigación sobre discurso de odio en redes. Proyectos como Xenometer y las herramientas del Oberaxe apuntan a medir no solo la presencia sino también la difusión del odio digital.
Un nuevo epicentro para estudiar el odio en redes
La investigación sobre el odio online es compleja: definirlo, recopilar mensajes y distinguir la ironía o el doble sentido son solo algunas de las dificultades. En los últimos años, España ha visto un impulso notable en este campo, sumando proyectos académicos y herramientas públicas que colocan al país en un rol de liderazgo temporal en la lucha contra el discurso de odio en la red.
El surgimiento de este interés no es casual. Hay una confluencia de factores: un impulso gubernamental claro, iniciativas universitarias y la aparición de sistemas automatizados capaces de monitorizar múltiples plataformas. Junto a ello, la colaboración internacional y regional, con investigadores de América Latina, alimenta una visión más amplia del fenómeno.
Xenometer: un intento de mapear la xenofobia digital
Xenometer nació en la Universidad de Cornell, impulsado por Beth Lyon, quien recuerda que arrancó el proyecto “justo después de la primera elección de Trump”. Lo que comenzó como un análisis en Estados Unidos demandó casi ocho años de trabajo: Lyon y su equipo consiguieron financiación y reclutaron lingüistas, programadores y especialistas en inmigración para poder avanzar.
El primer trabajo publicado por Xenometer clasificó el nivel de xenofobia en 7.000 tuits pertenecientes a 11 cuentas relevantes en EE. UU. Pero la ambición creció: el objetivo ahora es mucho mayor. Sergio García-Magariño, coautor del proyecto, explica que la intención es construir “un mapa mundial del odio digital”, en colaboración con investigadores de Colombia y El Salvador. El proyecto fue presentado recientemente en unas jornadas sobre investigación con IA en la Universidad Pública de Navarra.
Hallazgos que confirman tendencias conocidas (y algunas preocupantes)
Aunque conseguir una medición continua del fenómeno sigue siendo difícil —“no tenemos el pulso de la xenofobia”, admiten los investigadores—, Xenometer ha identificado patrones relevantes. En España, los colectivos que reciben más prejuicio en redes son personas procedentes de Marruecos y personas gitanas. Además, han observado que el lenguaje discriminatorio se vuelve más sofisticado y sutil para eludir sanciones, lo que sugiere que “los grupos xenófobos están bien asesorados” y buscan fórmulas que les permitan escapar de la detención, en un contexto donde el discurso de odio puede ser considerado un delito.
Estas conclusiones no son completamente nuevas, pero validan que los discursos discriminatorios mutan para adaptarse al marco legal y a la moderación de plataformas, complicando las labores de detección y sanción.
Faro y Hodio: herramientas públicas para medir presencia y viralidad
En el plano institucional, el Observatorio Español del Racismo y la Xenofobia (Oberaxe) ha impulsado dos iniciativas clave: Faro y Hodio. Desde 2024, Faro opera como un sistema automatizado que monitoriza Facebook, Instagram, TikTok, YouTube y X para detectar contenido de odio.
Hodio, aún en fase de despliegue, busca añadir una capa cuantitativa a lo que ya recoge Faro. Según Tomás Fernández, director del Oberaxe, Hodio tendrá dos objetivos claros: medir cuánto contenido de odio hay en cada plataforma y cuánto se viraliza o difunde. Esa segunda dimensión es crucial para evaluar la responsabilidad de las plataformas en la propagación del discurso discriminatorio.
Los responsables confían en que Hodio podrá implementarse con cierta rapidez porque parte del trabajo ya está hecho gracias a Faro. No obstante, la implementación depende de factores prácticos: recursos económicos, documentación legal y procesos burocráticos. Fernández espera que el primer informe semestral de Hodio salga en junio o julio, siempre que las gestiones vayan según lo previsto.
¿Por qué España y no otros países?
El avance español en este terreno responde, en buena medida, a un esfuerzo público sostenido. Varias razones ayudan a entender por qué proyectos de este tipo han encontrado terreno fértil en España y, en cambio, han tenido menos continuidad en otros lugares:
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Financiamiento desigual: en países como Estados Unidos, la protección de la libertad de expresión —reforzada por la Primera Enmienda— reduce el interés en penalizar o perseguir el discurso de odio, lo que se traduce en menos incentivos para financiar estudios comparables. Beth Lyon reconoce que, por ese motivo, su investigación terminó fijándose también en lo que el propio Gobierno considera xenofobia.
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Proyectos que desaparecen: en Europa han existido iniciativas parciales como Alreco, Real Up, Mandola o HateMeter, pero varias no sobrevivieron o tuvieron alcance limitado. Faro, impulsado por Oberaxe, surgió tras dos proyectos financiados por la Unión Europea y se presenta como más ambicioso en alcance.
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Ecosistema académico y técnico: universidades españolas (Valencia, Granada, Jaén) y centros como la UNIR con su herramienta Hatemedia han incrementado la masa crítica investigadora en el país. La combinación de investigación y voluntad política ha generado un entorno propicio: como bromeó Beth Lyon, “parece que he venido al país ideal” para este tipo de iniciativas.
Dificultades técnicas y la barrera de las plataformas
Aun con IA facilitando el análisis, las dificultades técnicas son enormes. El odio es un concepto fluido: su manifestación varía según el país, el dialecto y el contexto cultural. Las palabras que sirven para insultar a un grupo en un territorio pueden no usarse igual en otro; además, algunas comunidades se reapropian de expresiones despectivas para resignificarlas. Estos matices complican la construcción de criterios científicos unificados.
La colaboración de las plataformas tampoco es plena. Muchos estudios han usado datos de X por su naturaleza textual, pero la capacidad de acceso a datos ha cambiado tras la compra por parte de Elon Musk. Además, las redes con mayor volumen y formatos multimedia —como TikTok o Instagram— requieren enfoques y recursos adicionales para analizar imágenes y vídeo.
Relevancia para América Latina
La participación de investigadores de Colombia y El Salvador en Xenometer subraya que el problema trasciende fronteras europeas. Para América Latina, los avances en España ofrecen lecciones: la combinación de herramientas públicas, investigación académica y cooperación internacional puede producir instrumentos más robustos para medir y analizar el discurso de odio. Al mismo tiempo, las diferencias lingüísticas, culturales y legales en la región obligan a adaptar metodologías y a invertir en capacidades locales.
Conclusión
España ha agrupado momentum político y técnico para convertirse en un centro de referencia en el estudio del odio digital. Proyectos como Xenometer y las herramientas Faro y Hodio muestran que es posible avanzar tanto en detección como en medición de la difusión del odio en redes. Sin embargo, persisten retos importantes: definir con precisión qué es odio, construir modelos lingüísticos que respeten las variantes regionales y asegurar la cooperación de las plataformas. Para América Latina, la experiencia española ofrece un modelo adaptable, pero la eficacia final dependerá de la financiación sostenida, la colaboración internacional y de marcos legales que equilibren libertad de expresión y protección frente a la discriminación.
Fuente original: El Pais IA