Too Good To Go: la plataforma que combate el desperdicio y su potencial en América Latina

Too Good To Go, dirigida por la danesa Mette Lykke, ha salvado más de 500 millones de comidas y denuncia que desperdiciamos el 40% de lo producido. La empresa celebra una década y destaca el papel de la regulación —como la nueva ley en España— y del cambio cultural para reducir el derroche.

Por Redaccion TD
Too Good To Go: la plataforma que combate el desperdicio y su potencial en América Latina

Un modelo que surgió para evitar que la comida acabe en la basura

Too Good To Go se ha convertido en una de las ‘unicornio’ europeas más reconocibles en la lucha contra el desperdicio alimentario. Fundada hace diez años y hoy con alcance en 21 países, la plataforma ha reunido a 130 millones de usuarios y contabiliza más de 500 millones de comidas salvadas. Al frente está Mette Lykke, originaria de Ringkøbing (Dinamarca) y con una trayectoria emprendedora que incluye la venta de Endomondo por alrededor de 100 millones de euros.

Su propuesta es simple: permitir que comercios, restaurantes y supermercados ofrezcan a precio reducido los excedentes que de otro modo serían destruidos. El resultado, según la propia Lykke, es una fórmula que beneficia a todas las partes: el consumidor ahorra, la empresa obtiene ingresos por producto que iba a desechar y se reduce el impacto ambiental.

El despilfarro como una anomalía social, económica y climática

Para Lykke, el desperdicio alimentario es «una gran anomalía de nuestro tiempo». En términos globales, se estima que alrededor del 40% de los alimentos producidos nunca se consumen, y ese derroche contribuye con aproximadamente el 10% de las emisiones globales. Además, el valor económico de los alimentos descartados asciende a cifras astronómicas: alrededor de un billón de euros al año, según las cuentas que ella cita.

La paradoja es clara: producimos suficiente comida para alimentar a la población mundial y, sin embargo, cientos de millones de personas padecen inseguridad alimentaria. Esa contradicción revela fallas en toda la cadena: producción, logística, comercio, restauración y consumo doméstico.

Políticas públicas: el ejemplo de la nueva ley en España

España ha dado un paso regulatorio relevante con una ley contra el desperdicio que obliga a las grandes superficies a diseñar planes de reducción y a colaborar con organizaciones sociales para la donación de alimentos. Según Lykke, España es el tercer país europeo en aprobar una ley de este tipo, y el cambio supone una obligación estructural para el sector retail.

Este tipo de norma no sólo incentiva la redistribución de excedentes, sino que también fuerza a las empresas a pensar en prevención: planificación de compras, control de inventarios y adaptación de ofertas. En España, la cifra de desperdicio se mide en varios millones de toneladas al año, lo que subraya la escala del problema.

Cambio de hábitos: el mayor desafío doméstico

Aproximadamente el 40% del desperdicio en España se produce en los hogares, una tendencia que se repite en muchos países. Lykke identifica factores culturales y prácticos: compras impulsivas, cambios de planes (salir a cenar después de comprar), aversión a la comida que no agrada a los hijos y la percepción de que la comida es barata y, por tanto, desechable.

Una anécdota que ilustra el cambio generacional: las abuelas, que vivieron épocas de escasez, conservaban hasta media yema de huevo sobrante; hoy muchas familias tiran alimentos sin pensarlo. Recuperar ese respeto por la comida y su valor es una parte central del trabajo de concienciación.

Por qué el modelo funciona y sus límites

El éxito de Too Good To Go se apoya en una propuesta de valor clara y replicable: reducir pérdidas mientras se convierten en ingresos adicionales y se ofrecen descuentos a consumidores conscientes. La plataforma facilita el encuentro entre oferta y demanda en el último tramo de la cadena alimentaria, donde los productos todavía son aptos para el consumo pero han perdido valor comercial.

No obstante, Lykke admite también las limitaciones globales: la cadena alimentaria es extensa y fragmentada, y no existe una única solución que la arregle. Las medidas deben combinar regulación, innovación tecnológica, mejores prácticas de logística y cambios de comportamiento.

Retos y oportunidades para América Latina

Aunque Too Good To Go nació en Europa, su modelo ofrece lecciones aplicables a América Latina, donde el desperdicio alimentario también es un problema importante y las condiciones del mercado presentan retos particulares:

  • Infraestructura y cadena de frío: en muchas regiones la conservación y el transporte son limitados, lo que complica la redistribución de excedentes perecederos.
  • Mercados formales e informales: la convivencia de comercios modernos con mercados informales exige soluciones flexibles que consideren distintos actores y flujos de alimentos.
  • Legislación y cultura de donación: la experiencia europea muestra que la regulación puede acelerar cambios; en Latinoamérica, promover marcos legales que faciliten y protejan las donaciones es clave.
  • Conciencia y valor cultural: las campañas educativas deben adaptarse al contexto local para recuperar prácticas de aprovechamiento y reducir la percepción de la comida como un bien desechable.

Las plataformas digitales pueden ayudar a conectar oferta y demanda, pero su adopción requiere adaptación a realidades logísticas, económicos y regulatorias diversas.

Más allá de la rentabilidad: una misión que persiste

Mette Lykke insiste en que su objetivo no es puramente financiero. Para ella, la creación de empresas debe perseguir el legado: construir algo que mejore la vida de la gente y perdure más allá de sus fundadores. Ese propósito explica por qué, tras vender Endomondo, no optó por retirarse y se volcó en una iniciativa con impacto social y ambiental.

También expresa preocupación por la atención pública hacia la agenda climática en momentos de crisis geopolíticas y económicas: la urgencia por reducir emisiones y desperdicio no se ha evaporado, y las demoras sólo agravan el problema.

¿Es realista un mundo sin desperdicio alimentario?

La visión de Too Good To Go es ambiciosa: un mundo sin desperdicio alimentario. Lykke reconoce que alcanzar ese ideal podría ser casi imposible, pero precisamente esa dificultad es lo que la impulsa a seguir trabajando. El objetivo funciona como faro para políticas, innovación empresarial y cambio cultural.

Conclusión

La experiencia de Too Good To Go muestra que soluciones tecnológicas y de mercado pueden contribuir de manera significativa a reducir el derroche. Sin embargo, la transformación requiere marcos regulatorios, cambios de hábitos y adaptación local, especialmente en regiones como América Latina donde la logística y las dinámicas comerciales son distintas. La iniciativa de España evidencia que la ley puede empujar a la acción, y la historia de Mette Lykke recuerda que la combinación de propósito y modelo de negocio puede acelerar la transición hacia sistemas alimentarios más eficientes y justos.

Fuente original: El Pais IA