Qué tipo de empleo crea la tecnología (y qué puede significar la IA para los jóvenes)
Investigadores del MIT analizan datos históricos para entender quién se beneficia de las nuevas formas de trabajo. El hallazgo clave: los empleos innovadores tienden a favorecer a jóvenes con formación universitaria y se nutren de inversión pública y demanda.
Resumen del hallazgo
Un equipo liderado por el economista laboral David Autor (MIT) publicó un estudio que explora quién accede a los “nuevos trabajos” generados por la tecnología desde la posguerra hasta la actualidad. Usando registros del censo de EE. UU. (1940–1950) y datos de la American Community Survey (2011–2023), los autores trazan con detalle la aparición de especialidades laborales y las características de quienes las ocupan.
La conclusión central es clara: las nuevas formas de trabajo suelen beneficiar más a jóvenes con estudios universitarios, concentrarse en áreas urbanas y tender a surgir donde hay inversión masiva—particularmente cuando el sector público apoya la expansión de investigación y manufactura.
Qué entendemos por “nuevo trabajo”
El estudio sigue una línea de investigación previa del mismo grupo, que mostró que entre 1940 y 2018 alrededor de seis de cada diez empleos en EE. UU. pertenecieron a especialidades nacidas después de 1940. En este trabajo complementario los autores no solo cuentan esas especialidades: también analizan quién las ocupa y cómo evolucionan en el tiempo.
Para identificar novedades laborales, los investigadores compararon ocupaciones registradas en censos de diferentes años y observaron cuándo aparecían categorías que no existían antes. Complementaron ese enfoque histórico con microdatos recientes de la ACS para caracterizar educación, edad y salarios de los trabajadores en esas ocupaciones.
Perfil de quienes acceden a las nuevas ocupaciones
Los patrones que emergen son consistentes en distintos periodos:
- Los jóvenes (menores de 30 años) con educación universitaria tienden a concentrar los “nuevos trabajos”.
- Las nuevas ocupaciones aparecen con más frecuencia en centros urbanos.
- Quienes ingresan a una ocupación nueva tienden a mantenerse en entornos de trabajo innovador: por ejemplo, las personas que estaban en trabajo nuevo en 1940 tenían 2.5 veces más probabilidad de seguir en trabajo nuevo en 1950 que el resto de la población.
- Los graduados universitarios eran 2.9 puntos porcentuales más propensos a ocupar trabajos nuevos que quienes tenían solo educación secundaria.
Además, el estudio documenta que los empleos nuevos suelen pagar mejor que las ocupaciones tradicionales —es decir, existe una prima salarial asociada a la novedad— pero esa ventaja tiende a disminuir con el tiempo a medida que la experiencia y las habilidades se difunden.
¿Por qué ocurre esto? Escasez de especialización y difusión
Los autores subrayan un punto conceptual importante: la novedad laboral va ligada a formas de conocimiento especializado. Al principio esa experiencia es escasa y, por tanto, valiosa. Con el tiempo se democratiza, se incorpora a la formación estándar o se automatiza, y el diferencial salarial se reduce. En palabras de Autor: “Lo que hace valioso al trabajo no es solo la capacidad de realizar tareas, sino el conocimiento especializado. Debe ser escaso; si todos son expertos, nadie lo es”.
El estudio ilustra con ejemplos históricos: conducir un automóvil o manejar procesadores de texto fueron, en su momento, habilidades escasas que luego pasaron a ser requisitos básicos.
El rol de la demanda y la inversión pública
Un aporte central del trabajo es mostrar que la creación de nuevo trabajo no depende solo de la oferta tecnológica, sino de la demanda y de la inversión en actividades a gran escala. El empuje gubernamental durante la Segunda Guerra Mundial—cuando el gobierno financió investigación y expansión industrial en muchos condados—generó muchas especializaciones laborales nuevas. En términos prácticos, cuando se crea una actividad económica grande y sustentada (por ejemplo, investigación pública o manufactura estratégica), surgen oportunidades para conocimientos especializados vinculados a esa actividad.
Eso sugiere que la política pública y la inversión privada orientada pueden moldear qué tipos de trabajo emergen, no solo la tecnología en abstracto.
¿Y la inteligencia artificial? Un escenario todavía abierto
Los autores vinculan sus hallazgos con el debate actual sobre la IA, pero advierten que todavía es temprano para predecir su impacto definitivo en el empleo. Algunas observaciones relevantes del estudio para la discusión sobre IA:
- La preocupación actual se centra en la rápida erosión de tareas por automatización basada en IA. Sin embargo, perder tareas no equivale, en automático, a perder empleos completos, porque muchos trabajos reúnen múltiples tareas.
- Una pregunta clave es dónde y cómo surgirá la “nueva work” que reemplace o complemente lo automatizado. La evidencia histórica indica que la inversión y la creación de actividades novedosas generan especializaciones que generan empleo para trabajadores con preparación.
- Si la IA democratiza ciertas habilidades técnicas de forma instantánea, la prima por esa habilidad podría diluirse rápidamente; por eso la ventaja podría concentrarse en quienes combinen formación, juventud (capacidad de adaptación) y proximidad a centros urbanos o a polos de inversión.
En resumen: la IA puede cambiar la composición de tareas, pero la experiencia histórica sugiere que la aparición de ocupaciones completamente nuevas dependerá de la demanda, la inversión y la capacidad de generar conocimientos especializados que, temporalmente, sean escasos.
Implicaciones para América Latina
Aunque el estudio se centra en datos de EE. UU., sus lecciones son relevantes para tomadores de decisión en América Latina:
- Políticas públicas dirigidas (inversión en investigación, infraestructura y manufactura avanzada) pueden crear ecosistemas donde emerjan especialidades laborales nuevas.
- Priorizar la formación de jóvenes y la actualización de habilidades puede aumentar la probabilidad de que la fuerza laboral local capture la creación de empleo novedoso.
- La concentración urbana de nuevas ocupaciones sugiere la necesidad de políticas que fomenten polos de innovación regionales para evitar una mayor desigualdad territorial.
- Ante la adopción de IA, conviene combinar medidas de protección social con programas de reconversión y capacitación que favorezcan la transición a tareas y ocupaciones de mayor valor agregado.
Qué vigilar en el corto plazo
Para las empresas y gobiernos de la región es prudente monitorear:
- Dónde se realizan inversiones públicas y privadas en investigación y manufactura.
- Qué habilidades específicas demandan los empleadores en sectores emergentes.
- Cómo evolucionan las primas salariales por nuevas habilidades y qué tan rápido se difunden.
Conclusión
El estudio de Autor y colaboradores ofrece una visión empírica valiosa: la tecnología crea nuevas formas de trabajo, pero la distribución de esos beneficios no es automática ni imparcial. Históricamente, los jóvenes con educación universitaria en áreas urbanas han obtenido la mayor parte de las oportunidades. Para que la llegada de la IA suponga más ganancias que pérdidas en empleo y salarios, hace falta no solo tecnología, sino inversión deliberada, políticas públicas que catalicen demanda y programas de formación orientados a la creación de especializaciones escasas pero relevantes.
Referencia: artículo “What Makes New Work Different from More Work?” (futuro en Annual Review of Economics). Autores: David Autor; Caroline Chin; Anna M. Salomons; Bryan Seegmiller.
Fuente original: MIT News AI