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Por qué la traductora de La Odisea entiende la furia contra la versión de Nolan

La reacción por el rumor de casting de Christopher Nolan y las críticas a la traducción de Emily Wilson tienen el mismo origen: la defensa de una versión concreta de la tradición occidental. Wilson, traductora destacada de Homero, explica por qué sus decisiones editoriales molestan a ciertos sectores.

Por Redaccion TD
Por qué la traductora de La Odisea entiende la furia contra la versión de Nolan

Un mito antiguo, una pelea moderna

La reciente oleada de críticas alrededor del rumor de que Lupita Nyong’o interpretaría a Helena de Troya en la próxima versión de Christopher Nolan de La Odisea dejó en evidencia algo que va más allá del casting: los mitos clásicos siguen siendo vehículo de conflictos culturales contemporáneos. La discusión, que incluyó comentarios en redes sociales, quejas aisladas sobre ‘profanación’ y hasta reacciones desde cuentas de alto perfil, no es nueva; se asemeja a las polémicas que acompañaron a la traducción de Emily Wilson de La Odisea en 2017.

Wilson, académica formada en Oxford y jefa del departamento de estudios clásicos de la Universidad de Pensilvania, ha vivido en carne propia la intensidad de esa reacción. Sus versiones modernas tanto de La Ilíada como de La Odisea reavivaron debates sobre fidelidad, lenguaje moderno y representación de personajes que habían estado, hasta entonces, sujetos a lecturas tradicionales que algunos consideran inamovibles.

¿Qué hizo diferente Emily Wilson?

La intervención más comentada de Wilson fue, en apariencia, lingüística pero de fondo interpretativa. En el griego original, el héroe Odiseo es descrito con el término polytropos, un calificativo que traductores anteriores han resuelto con fórmulas como “various-minded”, “skilled in all ways” o “the man of twists and turns”. Wilson prefirió una palabra más directa y contemporánea: “complicado”.

Ese tipo de decisiones —elegir un registro más simple y directo, otorgar matices humanos a personajes tradicionalmente presentados como arquetipos— fue interpretado por muchos como una traición al texto o una lectura anacrónica. Para sus críticos, la modernización del lenguaje y la mostrada simpatía hacia personajes marginales eras señales de que la traducción tenía una agenda: reescribir valores homéricos según sensibilidades actuales.

La reacción en redes: de lo académico a lo político

La polémica no se circunscribió a revistas especializadas. Wilson fue objeto de ataques en internet por parte de lo que ella y la prensa han llamado “clasicistas de sofá”: comentaristas que reclaman una versión canónica e inmóvil de Homero. A Wilson la acusaron de “woke”, de tener una agenda feminista y de reescribir la épica para adaptarla a sensibilidades contemporáneas. La intensidad del rechazo refleja cómo textos antiguos se han convertido en chivos expiatorios de debates sobre identidad cultural y autoridad interpretativa.

La conexión con la polémica por el casting de Nolan es clara: tanto la elección de una actriz negra para un papel mitológico como la traducción que humaniza a personajes tradicionalmente “monstruosos” alteran versiones consolidadas de lo que se entiende por herencia cultural. En ambos casos, hay sectores que reaccionan como si se pusiera en riesgo una idea de “civilización occidental” que, a menudo, sirve como justificación para posturas excluyentes.

Críticas académicas y diferencias de método

No todas las voces en contra fueron meramente ideológicas. Algunos académicos, como Richard Whitaker de la Universidad de Ciudad del Cabo, formularon objeciones más técnicas: diferenciaron entre traducciones que buscan una equivalencia formal y aquellas que se permiten ser creativas o interpretativas. Whitaker argumentó que el trabajo de Wilson caía en la segunda categoría y que, al hacerlo, imponía prejuicios modernos sobre los valores antiguos.

Este tipo de crítica es legítima en el campo de la filología y la traducción: las decisiones del traductor siempre implican un grado de interpretación. La discusión entonces se centra en hasta qué punto una traducción debe priorizar la literalidad y la reconstrucción del contexto cultural original frente a la claridad y la relevancia para lectores contemporáneos.

Dignidad y compasión: a quiénes pone en primer plano la traducción

Una de las llaves interpretativas de Wilson fue cambiar el foco moral en episodios violentos del poema. Donde traducciones anteriores pudieron presentar a las mujeres asesinadas o a personajes esclavizados con términos despectivos, la versión de Wilson tiende a darles dignidad y a presentar víctimas con compasión. Esto incomodó a lectores y traductores que veían en esos pasajes un reflejo del mundo homérico que, según ellos, no debía ser reinterpretado bajo categorías morales actuales.

Wilson, por su parte, defiende que su trabajo se sostiene en el texto griego y en lecturas cuidadosas, y que llamar a Odiseo “complicado” no es una descalificación sino un intento de transmitir una complejidad que múltiples términos anteriores no captaban con precisión. Su reacción a la etiqueta de “guerra cultural” fue reveladora: la considera, simple y llanamente, aburrida. Para ella, la traducción es un ejercicio académico con implicaciones éticas, no un campo de batalla ideológico.

¿Por qué importa esto en América Latina?

Las discusiones sobre quién puede interpretar, traducir o adaptar un patrimonio cultural no son exclusivas del mundo anglosajón. En América Latina, debates sobre representación, apropiación cultural y memoria histórica son recurrentes en literatura, cine y políticas culturales. La disputa alrededor de Wilson y la reacción contra casting inclusivos de películas como la de Nolan muestran un patrón global: cuando una obra canónica se altera, algunos lo perciben como pérdida de autoridad y otros como una oportunidad de conversación.

Para tomadores de decisión y gestores culturales en la región, el caso ofrece lecciones prácticas: 1) las decisiones creativas y editoriales van a provocar reacciones que a veces se politizan; 2) explicar las razones académicas y artísticas detrás de esas decisiones ayuda a desactivar parte del ruido; 3) las tradiciones no son fijas: su continuidad depende tanto de cómo se reinterpreten como de cómo se difundan.

Conclusión: traducción, cine y la propiedad de los mitos

La polémica que une a Emily Wilson y a la versión de Nolan no es solo sobre palabras o castings; es sobre quién tiene derecho a definir el significado de obras que llevan siglos formando imaginarios. Wilson entiende por qué ciertos sectores se alarman: la traducción y la adaptación tocan fibras identitarias y simbólicas. Pero también recuerda que los mitos sobreviven por su capacidad de ser releídos.

En un mundo mediático polarizado, la tarea de traductores, cineastas y gestores culturales no solo es producir versiones fieles o innovadoras, sino también participar en el diálogo público que esas versiones provocan. A fin de cuentas, el desafío es mayor que conservar un texto: se trata de mantenerlo vivo.

Fuente original: Wired