Cómo las mamás usan ChatGPT para lidiar con la carga invisible de la crianza
Madres en redes sociales están usando ChatGPT para resolver problemas cotidianos de crianza y crear asistentes personalizados. La tendencia evidencia la carga mental que siguen asumiendo y abre un debate sobre género, tecnología y ética.
Un consejo inesperado que funcionó
Lilian Schmidt, consultora de marcas en Zúrich, llegó al límite cuando su hija de tres años y medio tardaba hasta tres horas en dormirse cada noche. Ninguna de las recomendaciones habituales —ruido blanco, cortinas opacas o masajes— surtía efecto. Desesperada, probó ChatGPT, que le sugirió algo que iba en contra de todo lo escuchado: más estímulos antes de la hora de dormir, como masticar chicle o saltar en una cama elástica. Para su sorpresa, funcionó. En cinco minutos la niña se durmió y Schmidt pensó: ‘Dios mío, nadie ha podido ayudarme excepto ChatGPT’.
A partir de esa experiencia pasó a publicar un video en TikTok titulado ‘He convertido a ChatGPT en mi copadre’, que se volvió viral. En tres semanas sumó 27,000 seguidores, creó un GPT personalizado llamado Coparent y empezó a ofrecer acceso de pago por 37 dólares en su sitio web.
De consejos a productos: nace una nueva forma de ‘momfluencing’
Schmidt no está sola. Surge una cohorte de madres que usan la IA de forma práctica y la promueven en redes no para mostrar una vida perfecta, sino para cuestionar si tanto trabajo doméstico y mental es necesario. Publican tutoriales como ‘El asistente de IA que ahora es básicamente el cerebro de mi mamá’ y ofrecen guías para madres que buscan un ‘copadre’ digital que recuerde protector solar o tareas escolares.
Estas creadoras difieren del influencer tradicional: en sus contenidos se ve a la madre asumiendo la mayoría de las tareas cotidianas, lo que pone en evidencia una realidad estadística en Estados Unidos y que resuena en muchos otros contextos.
La carga invisible y las horas que no se ven
Las historias personales conectan con datos concretos: según una encuesta del Departamento de Trabajo de Estados Unidos de 2022, las madres empleadas dedican 13.5 horas más a la semana a tareas domésticas y un promedio de 12.5 horas semanales al cuidado de los niños, un 40% más que en 1975. Aunque los padres hoy dedican más tiempo que hace décadas —los datos de Pew muestran que han más que duplicado su contribución respecto a hace 50 años—, la expectativa social sigue recayendo en gran medida sobre las mujeres.
Schmidt lo explica así: su pareja ayuda, pero el trabajo mental y la coordinación del hogar ‘están en sus manos’ y le quitan tiempo de calidad con los hijos. Para muchas madres, la IA ha pasado de ser una curiosidad a una herramienta para reducir ese desgaste emocional y logístico.
La brecha de género en la adopción de IA
Aun cuando la IA generativa se presenta como un aliado, existe una brecha de género en su uso. Un estudio de 2025 consignó que las mujeres tienen más de un 20% menos probabilidad de usar IA generativa en su vida cotidiana que los hombres. Varias razones explican esta diferencia: diseño de productos pensado por equipos poco diversos, percepciones de utilidad y hasta un sentimiento de culpa en algunas madres que ven el uso de IA como una forma de ‘engaño’.
Stephanie Leblanc-Godfrey, fundadora de Mother AI, critica que muchas herramientas de IA reflejan a sus creadores: ‘pálidas, masculinas y rancias’, en sus palabras, y no representan las necesidades específicas de las cabezas de familia, que suelen ser mujeres.
Erin Grau, cofundadora de la consultora Charter, sugiere que la reticencia de algunas madres también proviene del temor a perder la autenticidad del rol parental y de una fuerte carga moral sobre lo que significa ‘hacer las cosas bien’ como madre.
Profesionales que construyen soluciones y comunidad
Frente a esa barrera, aparecen emprendedoras y consultoras que enseñan a otras mujeres a usar IA para delegar tareas domésticas y recuperar tiempo. Sarah Dooley, ex consultora tecnológica, empezó en 2023 a usar IA para crear canciones de cepillado y notas para la niñera. Organizó grupos de aprendizaje, dejó su empleo y lanzó la marca AI-Empowered Mom. Ahora asesora empresas y prepara un libro titulado The AI-Empowered Family.
La visibilidad de figuras públicas también acelera la discusión. Mel Robbins, en alianza con Microsoft Copilot, ha manifestado que no quiere que las mujeres queden atrás en la adopción de estas herramientas; y la publicación viral de Reese Witherspoon sobre cómo la tecnología puede mejorar la vida cotidiana amplificó el debate sobre la llamada ‘feminización de la IA’.
Críticas, riesgos y preguntas abiertas
Las creadoras como Dooley y Schmidt reciben críticas por promover tecnología que algunos consideran problemática por motivos éticos o sociales. El uso de IA en la crianza plantea preguntas legítimas: ¿qué se externaliza del vínculo parental cuando se delegan rutinas emocionales o educativas a modelos de lenguaje? ¿Cómo se protegen datos sensibles sobre menores cuando se usan asistentes personalizados? Estas son cuestiones que la industria y los usuarios deben abordar con prudencia.
Además, la comercialización de GPTs personalizados por parte de individuos plantea interrogantes regulatorios y de responsabilidad: ¿quién responde si un consejo falla o resulta inapropiado? En muchos países las normas sobre asesoría parental automatizada todavía son incipientes.
Qué puede significar esto para América Latina
Aunque los ejemplos citados provienen en su mayoría de Estados Unidos y Europa, la tendencia tiene implicaciones claras para América Latina. La distribución desigual del trabajo doméstico y de cuidados es un tema presente en la región, y la IA podría ofrecer alivio práctico si se diseña e implementa con perspectiva de género. Al mismo tiempo, las brechas de acceso digital y la necesidad de marcos regulatorios y de privacidad hacen que la adopción de estas soluciones sea más compleja.
Para responsables de políticas públicas, empresas y organizaciones civiles en la región, el reto es doble: facilitar el acceso a herramientas útiles y seguras, y al mismo tiempo promover diseños inclusivos que consideren la experiencia real de las madres y cuidadores.
Conclusión
Lo que comenzó como un consejo inesperado de ChatGPT para una niña que no dormía se ha convertido en un movimiento que plantea preguntas profundas sobre trabajo, género y tecnología. Para muchas madres, las herramientas de IA son una forma de recuperar tiempo y bienestar; para otros, son motivo de preocupación ética. El desafío será integrar estas soluciones de modo que alivien la carga real sin invisibilizar la responsabilidad colectiva de redistribuir el trabajo de cuidado.
Fuente original: Wired