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Haenyeo: las mujeres del mar de Jeju y el riesgo de perder un legado

Las haenyeo, buceadoras tradicionales de la isla coreana de Jeju, han dominado el arte del buceo libre durante generaciones, combinando adaptaciones físicas, saberes colectivos y organización cooperativa. Hoy, su práctica corre peligro ante transformaciones históricas y económicas.

Por Redaccion TD
Haenyeo: las mujeres del mar de Jeju y el riesgo de perder un legado

El sonido del mar y un soplo ancestral

Una cabeza rompe la superficie y, con el primer contacto del aire, se oye un silbido bajo y eficiente: el sumbisori. Ese intercambio respiratorio, entrenado a lo largo de la vida, es apenas una señal audible de una práctica mucho más amplia. Las Haenyeo —literalmente “mujeres del mar”, pronunciado a veces como “genio”— realizan hasta 80 inmersiones al día en las aguas que rodean la isla de Jeju. Empiezan en la adolescencia y pueden continuar buceando hasta los 80 años o más, extrayendo algas, abulones y otros recursos marinos sin el uso de aparatos de respiración.

El sumbisori no es sólo una técnica: es la huella de tensar y relajar el cuerpo frente al mar, el resultado de generaciones que han convertido la apnea y el conocimiento del tiempo del océano en parte de su biología y su cultura.

Raíces históricas: perlas, comercio y una isla diferente

La práctica del buceo libre en Jeju tiene rastros documentados que se pierden en la historia. Ya en el año 434 d.C. hay registros de perlas provenientes de la isla, entonces llamada Tam-La, que circularon en la península coreana. Más tarde, en el siglo XIII, la calidad de esas perlas era conocida hasta en la corte china. Para el siglo XV existen anotaciones sobre migraciones de pescadores que comerciaban abulones, probablemente extraídos por las mujeres que los acompañaban.

La aparición del término Jam-Nyo en el siglo XVII marca la identificación de la actividad femenina como una práctica socialmente visible: las mujeres que salían al mar a cosechar algas y moluscos. Un documento de la época las describe con crudeza y sin los filtros modernos: “Mujeres desnudas que se dedican al buceo en la primavera y el verano para cosechar algas marinas y abulones…”. Esa descripción evidencia, además, la distancia cultural entre la península coreana y la identidad particular de Jeju.

Jeju mantuvo rasgos distintivos: una lengua propia, estructuras familiares y roles laborales diferentes —las mujeres trabajaban fuera y generaban ingresos mientras los hombres cuidaban el hogar—, algo que contrastaba con los patrones confucianos más extendidos en el continente.

Ocupación, sobreexplotación y la respuesta colectiva

A partir de finales del siglo XIX las aguas de Jeju comenzaron a atraer a pescadores japoneses en gran número. La riqueza de la isla en abulón, algas y otras especies la convertía en un objetivo de alto valor. Un pescador japonés llegó a decir que, años antes del fin de la guerra, “cerca de un cuarto de todo Japón estaba haciendo dinero de Jeju”, una frase que da cuenta de la intensa presión externa sobre esos recursos.

Durante la anexión japonesa (la colonización formal comenzó en 1910), la dinámica se tensó: enfrentamientos en el mar y regulaciones desiguales marcaron la relación entre las comunidades locales y los pescadores foráneos. En 1915, el Decreto de Pesca de Corea otorgó a las Haenyeo derechos de pesca en la costa de Jeju y en el litoral peninsular, pero las condiciones económicas eran desventajosas frente a los intereses japoneses.

La respuesta de las buceadoras fue organizativa: en 1920 fundaron la primera cooperativa, la Jamsuhoe (asociación de mujeres buceadoras), para proteger su acceso a recursos, negociar condiciones y resistir prácticas perjudiciales. Esa tradición de organización colectiva les permitió cierto control sobre la venta de sus productos y sobre la gestión de los tiempos de recolección.

Adaptaciones en el cuerpo y en la cultura

Investigadoras de la Universidad de California en Los Ángeles y de la Universidad de Utah analizaron el ADN de las Haenyeo y encontraron señales de adaptaciones genéticas que favorecen su capacidad para permanecer sumergidas y recuperarse entre inmersiones. Esos resultados complementan la evidencia de que la práctica no es sólo cultural: con el tiempo, la selección y el entrenamiento han moldeado rasgos fisiológicos que facilitan la apnea prolongada.

Pero la biología es apenas una parte. El conocimiento sobre mareas, corrientes, épocas de cosecha y técnicas de recolección forma un acervo colectivo que se transmite de generación en generación. La organización en cooperativas, las reglas locales para evitar la sobreexplotación y la manera de distribuir ganancias son ejemplos de cómo una comunidad puede gestionar un recurso marino de forma sostenible.

Por qué importa y qué está en riesgo

Hoy la práctica de las Haenyeo enfrenta múltiples presiones históricas y contemporáneas: explotación externa, regulaciones impuestas desde fuera, cambios económicos y sociales que redefinen oportunidades laborales y roles de género. Todo ello contribuye a una situación en la que una tradición centenaria corre el riesgo de decaer.

La desaparición de las Haenyeo implicaría la pérdida de un conocimiento práctico sobre manejo marino cercano, la desaparición de una forma particular de organización femenina y el empobrecimiento cultural de la isla. Además, su práctica es un ejemplo vivo de cómo pequeñas comunidades pueden combinar criterios de sostenibilidad con medios de vida, una lección relevante para zonas costeras del mundo, incluida América Latina.

Lecciones para América Latina y reflexiones finales

Las historias de pesca artesanal y gestión comunitaria en América Latina comparten discusiones similares: la tensión entre la extracción industrial y los modos tradicionales, la importancia de estructuras cooperativas para proteger economías locales, y el valor de los saberes ancestrales para la sostenibilidad. La experiencia de las Haenyeo muestra que la protección de una actividad productiva no depende sólo de leyes externas, sino de la capacidad de la comunidad para organizarse, transmitir conocimientos y negociar condiciones frente a intereses mayores.

Preservar prácticas como la de las Haenyeo requiere políticas públicas sensibles al contexto cultural, apoyo a formas de asociación local y medidas que reconozcan tanto el valor económico como el patrimonial. Para tomadores de decisión en la región latente, la historia de Jeju es una invitación a valorar y proteger modelos que integren género, comunidad y conservación.

Las Haenyeo no son solo figuras pintorescas para el turismo: son el resultado de siglos de relación práctica con el mar. Entender su historia ayuda a imaginar cómo se puede equilibrar desarrollo y patrimonio, y por qué resulta urgente prestar atención antes de que un último aliento convertido en sumbisori deje de escucharse en la superficie del océano.

Fuente original: Wired