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La generación alfa, la ortografía flexible y el adiós al email

Los nacidos desde 2010 crecieron con pantallas y ahora combinan ortografía funcional, stickers y mensajes breves para comunicarse. Prefieren evitar llamadas y correos cuando hay alternativas rápidas.

Por Redaccion TD
La generación alfa, la ortografía flexible y el adiós al email

Una generación que mide cada microsegundo

La generación alfa —los nacidos entre 2010 y 2025, que llegaron al mundo con el iPad de 2010— no es la primera generación digital, pero sí la primera que ha tenido pantallas desde sus primeros años. Eso explica por qué muchas de sus decisiones comunicativas giran en torno a la eficiencia: menos pasos, menos formalidades, más espontaneidad.

Los ejemplos recogidos por EL PAÍS muestran mensajes que para generaciones anteriores serían errores garrafales pero que, en el flujo de una conversación, funcionan: “As hablado con tu padre ??”, “Le e dicho q si me d jan ir”, “I que te a dicho ??” son fragmentos reales de WhatsApp compartidos por adolescentes. “No e abalo con mi padre” puede leerse, según el contexto, como “no sé, háblalo con mi padre” o “No he hablado con mi padre”. La clave está en que ninguna frase vive sola: necesita del hilo de la conversación.

Ortografía: sabe escribir, pero prioriza la naturalidad

La lectura de estos jóvenes no prueba una ignorancia ortográfica, sino un criterio distinto. Muchos dicen saber cómo se escriben las palabras, pero no siempre aplican las reglas completas. Valeria, de 15 años, afirma: “Las tildes las pongo siempre y las comas también, pero los puntos no. Y las mayúsculas solo las que me salen en automático”. Mariam, de 14 años, es clara sobre qué no tolera: “Yo soy como un diccionario andante, a mí me puedes escribir con las letras mezcladas o como quieras, pero no puedes confundir ‘a ver’ con ‘haber’, esas cosas me ponen de los nervios”.

La estrategia comunicativa se resume en una frase que repiten varios adolescentes: “La regla es la pereza”. Iker, de 16 años, lo expresa así: la idea es que el mensaje sea más corto y requiera menos esfuerzo. Lucía, de 13 años, lo confirma: “Que sea más corto y escribas menos”. Cristian, de 14, describe la técnica básica: “Coges las letras clave de una palabra que se podrían decir para que se entienda”. Al mismo tiempo, muchos buscan mantener matices emocionales: Valeria añade que compensa la brevedad con elongaciones para suavizar el tono —“fuaaaaaa noseeeee”— un recurso que mezcla duda y cercanía.

Stickers y comunicación jeroglífica

Los stickers son otra pieza central en el repertorio de la generación alfa. No son simples imágenes; funcionan como fotomemes con carga afectiva y a veces código grupal. “Tengo un amigo que es experto en stickers. El tío literalmente me habla con stickers. En vez de decir: ’quedamos’, me manda un sticker random, yo qué sé, una foto de un famoso o algo así. Y si lo pillo, lo pillo. Y, si no, me aguanto. Es una cosa loca”, cuenta Iker.

En los círculos adolescentes hay creatividades y usos propios: “En mi grupo de amigas sí tenemos nuestros stickers”, dice Carolina, de 17. Pero también hay límites: con personas fuera del círculo íntimo, el uso puede parecer inapropiado. Además, la facilidad para crear stickers a partir de fotos ha provocado usos problemáticos, incluido el llamado uso indebido de imágenes —“He visto casos de stickers para un fin que no es el correcto”, advierte María, de 17— y stickers de profesores que se usan para burlas, según Iker.

El email y la llamada: reliquias funcionales

Para muchos adolescentes, el correo electrónico quedó reservado a trámites administrativos: abrir cuentas, recibir códigos o, en ocasiones, enviar apuntes para imprimir. “Lo uso si hay que iniciar sesión en algo y tienen que mandarte un código. Si no, nunca”, dice Valeria. Otros mencionan usos residuales e incluso cómicos: “Yo me mando correos a mí misma para pasarme la foto del ordenador al móvil”, comenta Carolina.

La llamada telefónica tampoco es prioritaria: se acepta con conocidos o en urgencias, pero su carácter intrusivo la hace menos atractiva. Amets, de 15 años, explica: “Normalmente escribo porque puedo esperar para recibir una respuesta. Una llamada suena hasta que lo apagas y me parece que puede ser molesto”. Verónica, de 15 años, añade: “No suelo llamar a no ser que sea por algo urgente… y nunca llamo a desconocidos”. La preferencia por mensajes asíncronos —chats, notas de voz, stickers— reduce la carga emocional de tener que contestar inmediatamente.

Lo que esto significa para organizaciones en América Latina

Aunque las voces recogidas vienen de distintas ciudades de España, la tendencia al ahorro de tiempo, la preferencia por lo visual y la comunicación por capas también es observable en jóvenes latinoamericanos, donde el uso masivo de mensajería instantánea es una constante. Para empresas, instituciones educativas y gobiernos de la región, estas preferencias implican adaptarse:

  • Contenidos y notificaciones pensadas para lectura rápida y formatos visuales. Los emails largos o comunicaciones formales pueden perder efectividad con audiencias jóvenes.
  • Canales múltiples y asíncronos: ofrecer alternativas a la llamada o al correo, como chatbots o plataformas de mensajería con respuestas automáticas, facilita la interacción.
  • Cuidado con el contenido generado por usuarios: la facilidad para crear stickers deriva en riesgos reputacionales y de privacidad, por lo que políticas claras y educación digital son esenciales.
  • Educación en competencia comunicativa: enseñar cuándo la formalidad es necesaria (por ejemplo, solicitudes académicas o laborales) sin demonizar el lenguaje coloquial puede ser más efectivo.

Reflexión final

La generación alfa no ha matado la ortografía; la ha reconfigurado según prioridades prácticas: comprensión, velocidad y expresión emocional. Sus códigos —abreviaturas, elongaciones, stickers— funcionan dentro de contextos y grupos. Para quienes diseñan experiencias digitales, contenidos o políticas de comunicación, el reto es entender esos códigos sin cometer el error de pensar que se trata solo de «pereza» sin matices. Detrás de la economía de esfuerzo hay decisiones sobre privacidad, ritmo de vida y formas de construir comunidad, factores que cobran particular relevancia en el diverso panorama de América Latina.

Las observaciones recogidas provienen, en parte, de un encuentro online organizado por EL PAÍS junto a 11 adolescentes del grupo Cibercorresponsales, promovido por la Plataforma de Infancia, y de entrevistas a jóvenes de distintas ciudades. Escuchar a esa generación es clave para no perder contacto con cómo se comunica y consume información el futuro próximo.

Fuente original: El Pais IA