Compromiso récord, gobernanza rezagada: el dilema de la sostenibilidad en cadenas de suministro

El informe 2026 del MIT sobre sostenibilidad en cadenas de suministro registra el mayor nivel de compromiso empresarial en siete años, pero advierte que gobernanza y capacidad operativa no acompañan esa ambición. La incertidumbre comercial, los conflictos geopolíticos y el uso de IA exponen brechas críticas entre intención y resultados.

Por Redaccion TD
Compromiso récord, gobernanza rezagada: el dilema de la sostenibilidad en cadenas de suministro

Compromiso en alza, pero ¿capacidad suficiente?

El State of Supply Chain Sustainability 2026 del MIT Sustainable Supply Chain Lab, basado en una encuesta a 1,810 profesionales de la cadena de suministro en 91 países, muestra un dato contundente: 83% considera la sostenibilidad importante o muy importante para el éxito empresarial a largo plazo, el nivel más alto en los siete años del informe. Sin embargo, el informe subraya que el compromiso no siempre se traduce en capacidad real para cumplir metas.

Tras cambios recientes en la política de Estados Unidos que han relegado cuestiones medioambientales, 59% de los encuestados reportó un aumento en su compromiso con la sostenibilidad, pero muchos tuvieron que ajustar o reducir sus estrategias. La incertidumbre arancelaria obligó al 68% a retrasar, recortar o abandonar iniciativas. Casi un tercio observó que las disrupciones relacionadas con aranceles incrementaron sus emisiones operativas.

Sreedevi Rajagopalan, directora del MIT Sustainable Supply Chain Lab y autora principal del informe, resume la tensión: “El compromiso es fuerte, la medición se amplía y la IA acelera. Lo que viene es más difícil: convertir compromiso en rendición de cuentas, integrar lo operacional en la toma estratégica y transformar la descarbonización incremental en una transición genuina.”

Amenazas externas que exponen vulnerabilidades internas

Además de los aranceles, más de ocho de cada diez participantes en Norteamérica, Europa y Asia creen que los conflictos geopolíticos reducen la efectividad de sus acciones climáticas. Muchas empresas diseñaron planes de descarbonización bajo supuestos de estabilidad comercial y relativa paz; hoy esos supuestos no se mantienen.

Esa presión externa deja al descubierto debilidades internas: entre las empresas con metas públicas de sostenibilidad, solo 51% ha creado un equipo formal y multifuncional para atenderlas, y apenas 33% ha llevado la supervisión al nivel del directorio. En la práctica, la ambición pública está adelantando a la infraestructura de responsabilidad interna.

Donde existen equipos multifuncionales formales, el informe registra que la sostenibilidad está “frecuentemente o siempre” integrada en las decisiones el 57% de las veces. Cuando la responsabilidad recae en una sola función, ese porcentaje cae a 13% —una brecha de 44 puntos que ilustra el retorno de invertir en gobernanza.

Sostenibilidad más presente en lo operativo que en lo estratégico

Las áreas donde la sostenibilidad se ha integrado con mayor profundidad son las decisiones diarias: transporte y logística (39%), compras (35%), almacenamiento (34%) y diseño de producto (33%). No obstante, disminuye drásticamente en decisiones que fijan emisiones a largo plazo, como inversión de capital, diseño de red y planificación de riesgos en la cadena. En otras palabras, las empresas están mejorando operaciones sustentables del día a día, pero no siempre están diseñando cadenas sostenibles para el futuro.

La doble cara de la inteligencia artificial

La IA aparece como acelerador: 78% de las organizaciones en Norteamérica reporta uso actual de IA en iniciativas de sostenibilidad, y 87% de quienes la adoptaron perciben impacto positivo en sus metas. Según el informe, 86% redujo desperdicio de materiales, 81% disminuyó uso energético y 63% usa IA para estimar datos de emisiones faltantes de proveedores.

Sin embargo, la relación entre eficiencia operacional y reducción neta de emisiones no es automática. Entre usuarios maduros de IA agentiva, solo 53% reporta reducción en emisiones totales de gases de efecto invernadero, mientras 29% indica un aumento. Esto sugiere que la mejora en métricas operativas puede acompañarse de efectos secundarios que elevan la huella total si no se gestionan integralmente.

En almacenamiento la paradoja es evidente: en almacenes avanzados y totalmente automatizados que usan IA, 78% reportó mayor consumo de energía desde la implementación y 76% mayor generación de residuos; sin embargo, solo 24% utiliza monitoreo en tiempo real impulsado por IA para rastrear esas consecuencias ambientales. Muchas organizaciones podrían descubrir que su huella energética crece bastante después de desplegar tecnologías, si no incorporan medición y control desde el inicio.

Transporte y flotas: avances parciales y dependencia de la señal política

El transporte de carga muestra mejoras tácticas: casi todas las empresas de transporte reportan reducir emisiones vía optimización de rutas, consolidación de cargas y programas de conducta de conducción. Aun así, 43% de las flotas opera mayoritariamente con diésel convencional y solo 8% completó una transición total a energías de baja emisión.

Las diferencias regionales son claras: 84% de las empresas europeas asegura que recientes cambios de política han favorecido su estrategia de descarbonización, frente a 44% en Norteamérica. Donde las señales políticas son ambiguas, las transiciones que requieren capital, como los vehículos eléctricos a baterías, se estancan. A escala, BEV están presentes en 60% de las empresas europeas y en 36% en Norteamérica.

Colaboración en Alcance 3: un rayo de esperanza

En emisiones indirectas (Alcance 3) se observa avance colaborativo notable: la participación en compromisos conjuntos con proveedores y programas de descarbonización saltó de 31% a 58% en un año. Las asociaciones para gestionar emisiones de proveedores compartidos pasaron de 23% a 55%, y quienes trabajan completamente solos cayeron de 18% a 6%. El mensaje es claro: las empresas reconocen que Alcance 3 no se resuelve en solitario.

Qué pueden hacer las empresas —y por qué importa para América Latina

El informe identifica que el principal obstáculo no es la ambición, sino la gobernanza, la rendición de cuentas, la infraestructura tecnológica y la capacidad de medición. Para las empresas en América Latina, donde muchas cadenas están integradas con mercados internacionales y dependen de flujos logísticos y decisiones de inversión globales, estas conclusiones son especialmente relevantes.

Pasos prácticos que emergen del análisis: construir equipos multifuncionales con mandato claro; elevar la supervisión al directorio; medir sistemáticamente impactos en todo el ciclo de vida; usar IA con métricas ambientales en tiempo real; y priorizar colaboraciones con proveedores para abordar Alcance 3.

Conclusión

El informe 2026 del MIT muestra una paradoja central: el compromiso corporativo con la sostenibilidad está en su punto más alto, pero sin gobernanza robusta, medición y estrategias que conecten lo operativo con lo estratégico, ese compromiso corre el riesgo de quedarse en intención. Las organizaciones que consoliden estructuras de responsabilidad y mejoren su resiliencia frente a disrupciones externas tendrán mayores probabilidades de convertir ambición en resultados verificables. Para empresas y tomadores de decisión en América Latina, la lección es clara: la sostenibilidad exige tanto voluntad como arquitectura institucional para sostener la transición.

Fuente original: MIT News AI