Por qué la ciencia impulsada por la curiosidad es clave para la competitividad

Sally Kornbluth, presidenta del MIT, enfatiza que la ciencia básica y la formación universitaria son la fuente de innovaciones a largo plazo. Advierte que la pérdida de financiamiento y la incertidumbre amenazan la cadena de talento y la capacidad de producir avances en salud, IA y tecnologías cuánticas.

Por Redaccion TD

Curiosidad, ciencia básica y responsabilidad institucional

La presidenta del MIT, Sally Kornbluth, afirmó durante una conversación pública con Lizzie O’Leary que lo que más la impresiona del instituto es el nivel de la ciencia y la ingeniería que se produce allí. Para Kornbluth, la investigación impulsada por la curiosidad no es un lujo académico: es la base de avances que, décadas después, transforman la vida de las personas y la economía.

Explica que muchas tecnologías con impacto social extenso tienen raíces en trabajos básicos de larga duración. Puso como ejemplo la inmunoterapia contra el cáncer, cuyas bases experimentales fueron sembradas 30 o 40 años atrás en investigación básica de inmunología. Ese tipo de trayectorias largas y muchas veces inciertas son precisamente lo que nace y prospera en universidades y laboratorios nacionales.

La amenaza: incertidumbre financiera y fuga en la canalización del talento

Kornbluth advirtió que la presente época de incertidumbre —con recortes y cambios en políticas públicas— está afectando de manera concreta y profunda la pipeline de la ciencia. En su diagnóstico, esta canalización empieza en las universidades, continúa en laboratorios nacionales y se completa en la industria. Las universidades, además, son el principal espacio para formar investigadores capaces de desarrollar proyectos con trayectorias largas hacia impacto real.

La presión sobre ese sistema tiene dos efectos inmediatos. Por un lado, las restricciones presupuestarias dificultan que los investigadores planifiquen proyectos a largo plazo; por otro, la reducción de recursos afecta la formación de grado y posgrado, que alimenta la próxima generación de científicos. Kornbluth lo resumió con una analogía contundente: si la formación en investigación se traslada mayoritariamente a la industria, ¿cómo aprenderían los investigadores a hacer ciencia desde zero? No sería razonable poner en manos de la sociedad pilotos que nunca aprendieron a volar; de la misma forma, la ciencia necesita espacios formativos rigurosos.

Impacto directo en la operación de las universidades

Además de la incertidumbre en fondos federales, Kornbluth mencionó efectos fiscales concretos. Indicó que ciertas políticas recientes, como el impuesto sobre el rendimiento de los endowments que afecta a unas pocas universidades, generan pérdidas sustantivas. En el caso del MIT, la presidenta calculó que el impuesto al 8% en el rendimiento de su endowment representa unos 240 millones de dólares al año, y en conjunto con otros recortes y pérdidas se presupuestó una caída cercana a 300 millones de dólares en un presupuesto de 1.7 mil millones. Estas cifras ilustran que no se trata solo de recortes simbólicos, sino de impactos reales en la capacidad de financiar investigaciones y becas.

Asimismo, Kornbluth subraya que la incertidumbre desalienta a los investigadores a presentar propuestas, porque no saben si obtendrán apoyo o si sus solicitudes se perderán en una competencia cada vez más restrictiva.

Estrategias universitarias: diversificar y crear iniciativas transversales

Frente a ese panorama, el MIT ha respondido buscando caminos alternativos para sostener y potenciar la ciencia. Kornbluth describió iniciativas presidenciales transversales que cruzan disciplinas y facultades, orientadas a áreas como salud y ciencias de la vida, tecnologías cuánticas y también a las humanidades y ciencias sociales. La idea es crear nuevos espacios y sinergias que permitan mantener la investigación robusta incluso en tiempos de menor certidumbre financiera.

Este enfoque muestra cómo las universidades pueden reconfigurar prioridades internas para sostener líneas estratégicas de investigación sin sacrificar la formación integral de estudiantes e investigadores.

Inteligencia artificial y educación: enseñar a usar herramientas, no a temerlas

Sobre la llegada acelerada de la inteligencia artificial, Kornbluth planteó un enfoque práctico en la formación universitaria: enseñar a los estudiantes a dominar las habilidades humanas fundamentales, como la escritura y las matemáticas, y a comprender la IA como una herramienta para potenciar capacidades. En lugar de reemplazar conocimientos básicos, la inteligencia artificial debe integrarse como complemento que amplía alcance y productividad, siempre con formación crítica y ética.

Esto obliga a las instituciones a revisar planes de estudio, metodologías y mecanismos de evaluación para que los egresados no solo sepan cómo operar herramientas avanzadas, sino también cómo valorar sus límites y riesgos.

El factor internacional: talento global y competencia estratégica

Kornbluth defendió también la presencia de estudiantes internacionales y su contribución a la investigación en Estados Unidos. La atracción de talento global fortalece la capacidad científica de un país. Si las políticas migratorias o de visado dificultan la permanencia de ese talento, los países competidores podrían beneficiarse al retener a quienes antes optaban por quedarse a trabajar en Estados Unidos.

Para América Latina, esto tiene dos lecturas. Por un lado, la región pierde talento que emigra en busca de mejores condiciones para investigar; por otro, existe una oportunidad para fortalecer la formación local y las colaboraciones internacionales que permitan retener talento o facilitar retornos con experiencia global.

Qué pueden hacer los tomadores de decisión en América Latina

Aunque Kornbluth hablaba desde la experiencia del MIT, los impactos y las lecciones son relevantes para gobiernos, universidades y empresas en América Latina:

  • Reconocer la investigación básica como inversión a largo plazo. Las innovaciones disruptivas suelen emerger de investigaciones que toman décadas en madurar. Cortar financiamiento hoy puede significar perder las soluciones del mañana.
  • Proteger y fortalecer la formación doctoral y posdoctoral. Mantener apoyos, becas y oportunidades de investigación es clave para construir una base local de científicos.
  • Fomentar alianzas con universidades y centros extranjeros para crear programas conjuntos, movilidad estudiantil y proyectos colaborativos que mitiguen el efecto de la fuga de cerebros.
  • Incorporar la IA en la educación como herramienta complementaria y diseñar políticas educativas que fortalezcan competencias básicas y pensamiento crítico.
  • Diversificar fuentes de financiamiento universitario y promover alianzas público-privadas que no comprometan la autonomía académica.

Conclusión: apostar por la curiosidad con visión estratégica

La advertencia de Kornbluth es clara: poner en riesgo la cadena que alimenta la ciencia básica y la formación de investigadores tendrá reverberaciones por décadas. Para los tomadores de decisión en América Latina, el desafío es doble. Por un lado, competir por talento en un contexto global donde las grandes universidades y países cuentan con recursos considerables. Por otro, construir políticas públicas y estrategias institucionales que reconozcan el valor de la investigación de largo plazo y la formación de capital humano.

Invertir en curiosidad científica no es un gasto superfluo, sino una apuesta estratégica por la innovación, la salud pública y la soberanía tecnológica. Las decisiones que se tomen hoy determinarán la capacidad de la región para generar soluciones propias y participar en las grandes transformaciones tecnológicas del futuro.

Fuente original: MIT News AI