Cómo los algoritmos convierten rutinas de fitness en madrigueras de la machosfera
Un estudio del IDMAH demuestra que los algoritmos no solo reflejan el patriarcado: lo construyen en trayectorias que van de contenido de bienestar a narrativas que justifican la violencia de género. Esto ocurre sin señales explícitas del usuario y con impacto en la cohesión social.
Los algoritmos como arquitectos de una cultura machista
Durante más de ocho años al frente del Instituto De Machos A Hombres (IDMAH), sus impulsores han observado un fenómeno inquietante: la llamada “machosfera” no aparece de la nada ni es sólo un rincón oscuro al que los usuarios llegan por decisión propia. Según la investigación CARA (Cohesion & Amplification Risk Assessment) del IDMAH, las plataformas ahora desempeñan un papel activo en construir y densificar trayectorias identitarias que pueden derivar en hostilidad y violencia de género.
CARA fue diseñado para medir cómo la amplificación algorítmica impacta la cohesión social. El equipo observó durante 45 días, sesión por sesión, qué recomendaba Instagram a seis perfiles asociados de forma directa o indirecta con distintos aspectos de la masculinidad. No tuvieron acceso a los datos internos de Meta; la investigación se realizó desde la experiencia visible del usuario, lo que muestra lo que cualquier persona puede ver en su propia sesión.
De rutinas de ejercicio a discursos polarizados: la ruta algorítmica
El hallazgo central de CARA es que las recomendaciones no son piezas aisladas sino pasos de una trayectoria. Una cuenta creada con intereses en fitness —sin seguir perfiles radicales ni publicar nada— comenzó recibiendo contenido de bienestar y ejercicio, pero a lo largo de semanas se expuso repetidamente a material cada vez más cargado de roles de género, resentimiento y narrativas defensivas.
Por ejemplo, esa cuenta recibió contenido clasificado como nivel 3 el 7 de abril; volvió a recibir nivel 3 el 14 de abril y, de nuevo, el 21 de abril. En otra cuenta, originada en intereses de liderazgo y estoicismo, el sistema recomendó nivel 4 el 31 de marzo y continuó con nivel 3 en semanas siguientes. Es decir, no se trató de recomendaciones accidentales sino de una progresión sostenida que reposiciona al usuario dentro de un ecosistema identitario.
La escala CARA: de autocuidado a legitimación de la violencia
CARA clasifica las recomendaciones en cinco niveles:
- Nivel 1: Contenido de autocuidado, prosocial o neutro (salud mental, deporte, humor, cocina, tecnología). No construye una identidad masculina confrontativa.
- Nivel 2: Identidad “ligera”: habla de género, masculinidad o liderazgo sin antagonismo claro.
- Nivel 3: Zona de polarización: emerge la narrativa “ellos contra nosotros”, resentimiento o roles de género organizados desde la oposición.
- Nivel 4: Hostilidad explícita: exclusión activa, percepción de amenaza, deshumanización o que otros grupos son inferiores o peligrosos.
- Nivel 5: Extremo que legitima, glorifica o justifica la violencia por razón de género.
La preocupación no es solo la presencia de niveles altos en aislado, sino la manera en que el sistema conecta progresivamente contenidos de nivel bajo y neutro con piezas cada vez más polarizadas y hostiles.
Por qué esto importa para América Latina
Aunque la investigación se ejecutó observando Instagram sin acceso a metadatos, su relevancia trasciende plataformas y fronteras. En América Latina las conversaciones sobre masculinidades, violencia de género y redes sociales ya forman parte de la agenda pública. La capacidad de algoritmos para generar trayectorias identitarias que vinculan hábitos cotidianos con discursos de odio tiene implicaciones concretas para la prevención de la violencia, la salud mental y la cohesión ciudadana en la región.
La lógica observada —del interés inocuo hacia comunidades cerradas y hostiles— puede amplificar tendencias sociales existentes: abandono afectivo, falta de referentes, precariedad y alfabetización emocional limitada. Las plataformas, al priorizar engagement, pueden convertir esas vulnerabilidades en rutas de monetización del odio sin que el usuario perciba que está siendo movido hacia posiciones más extremas.
Transparencia, auditoría y límites del enfoque técnico
Un punto clave es la opacidad de las plataformas. Meta no facilita los datos internos que permitirían auditorías plenas; por eso CARA se desarrolló desde la experiencia visible del usuario. Esa limitación no es una anomalía: es parte del diseño de sistemas que organizan la exposición identitaria de millones.
Esto plantea desafíos regulatorios. Si los procesos algorítmicos no pueden auditarse externamente, las autoridades y la sociedad civil cuentan con herramientas parciales para medir riesgos. Protocolos como CARA ofrecen una ventana práctica (y replicable) para observar trayectorias, pero no sustituyen la necesidad de mayor transparencia y acceso a datos agregados o mecanismos de auditoría independientes.
Qué deberían considerar las instituciones y las empresas en la región
Sin pretender ofrecer recetas definitivas, hay varias áreas que merecen atención en América Latina:
- Políticas públicas de transparencia: exigir mayor trazabilidad de recomendaciones y acceso a datos que permitan evaluar riesgos de amplificación algorítmica.
- Auditorías ciudadanas y académicas: promover metodologías observacionales como CARA que documenten trayectorias y efectos visibles para usuarios reales.
- Educación digital y alfabetización emocional: combinar formación técnica con herramientas para gestionar identidad, emociones y relaciones en entornos digitales.
- Diseño responsable de plataformas: incentivar a las empresas a considerar el impacto relacional de recomendaciones y no solo el engagement.
Estas opciones requieren coordinación entre reguladores, plataformas y organizaciones de la sociedad civil, y deben adaptarse al contexto cultural y legal de cada país.
Conclusión: ver las recomendaciones como recorrido, no como eventos aislados
La investigación CARA pone el foco en una distinción crítica: una publicación por sí sola puede parecer inocua, pero integrada en una secuencia diseñada por un sistema, forma parte de una trayectoria que puede transformar a un usuario neutral en miembro de comunidades cada vez más hostiles. Entender ese tejido—y no solo las piezas—es esencial para afrontar cómo los algoritmos contribuyen a reproducir y amplificar la cultura machista.
Para América Latina, donde los debates sobre masculinidades y violencia de género están presentes en las agendas públicas, estas conclusiones son una llamada a repensar la gobernanza de las plataformas, fortalecer capacidades de auditoría y diseñar respuestas que reduzcan riesgos sin limitar la libertad de expresión.
Fuente original: El Pais IA