Cómo el movimiento de trabajadores tech ganó y perdió influencia en Silicon Valley

En la última década, empleados de empresas tecnológicas consiguieron victorias importantes al presionar a sus empleadores por compromisos éticos. Un libro escrito por dos exinsiders analiza ese auge, su retroceso y las lecciones para quienes organizan trabajo en tecnología.

Por Redaccion TD
Cómo el movimiento de trabajadores tech ganó y perdió influencia en Silicon Valley

De la fe en la tecnología a la movilización laboral

A mediados de la década de 2010, trabajar en tecnología se veía como una apuesta por el futuro: salarios altos, beneficios y la sensación de participar en un cambio social impulsado por la conectividad global. JS Tan, quien tras graduarse de Brown y Rhode Island School of Design entró al sector en 2015, resume esa expectativa: muchos pensaban que la tecnología podía ayudar a construir un mundo más progresista.

Esa fe pública en los valores corporativos —encarnada en lemas como el histórico “don’t be evil” de Google— comenzó a tensionarse cuando decisiones empresariales y políticas públicas parecían chocar con las aspiraciones de empleados y empleadas. Para algunos trabajadores, la reacción no fue resignación sino organización.

Un punto de inflexión: protesta y poder colectivo

Los autores JS Tan y Clarissa Redwine —quienes trabajaban en Microsoft y Kickstarter respectivamente en 2017— relatan cómo las órdenes ejecutivas sobre inmigración de ese año impulsaron una respuesta masiva dentro del sector. Figuras públicas y fundadores participaron en protestas, y las palabras de líderes del ecosistema, como el llamado de Sam Altman a que las empresas tecnológicas tomaran posiciones públicas, alimentaron el activismo interno.

A partir de entonces, empleados organizaron walkouts, cartas abiertas y presiones públicas contra contratos con agencias militares y de control migratorio, además de demandas por políticas internas que consideraban discriminatorias. Estas formas de movilización llevaron a resultados tangibles: en 2018, luego de la protesta de miles de trabajadores, Google decidió no renovar su contrato con Project Maven, un proyecto del Pentágono para usar IA en análisis de imágenes de drones. Cerca de 4,000 empleados firmaron una carta abierta afirmando “Google should not be in the business of war”.

De victorias a retrocesos: qué cambió

El libro de Tan y Redwine, Against Tech Oligarchy: Worker Resistance in the World’s Most Powerful Industry, documenta no solo las tácticas de organización, sino también los factores que han erosionado el poder de los trabajadores en años recientes. Señalan varios elementos clave:

  • Condiciones macroeconómicas: tras las subidas de tasas de interés en 2022, la industria tecnológica sufrió pérdidas enormes en valoración de mercado y emprendió recortes de costos que incluyeron despidos masivos. Según los autores, esto debilitó la posición negociadora de los empleados porque el mercado laboral dejó de favorecerlos como antes.

  • Transformaciones tecnológicas en el trabajo: la aparición de sistemas de IA para generación y automatización de código —descritos por Tan como “agentic AI coding systems”— ha modificado la naturaleza de muchas tareas técnicas. Los autores sostienen que estas herramientas han avanzado hacia una descalificación de habilidades y han aumentado la inseguridad laboral.

Como resultado, lo que antes era una relación en la que trabajadores con alta demanda podían forzar cambios en políticas corporativas, se volvió más frágil. Incluso peticiones recientes, como una carta firmada por más de 600 empleados pidiendo a Google no involucrarse en trabajo de IA clasificado con el Pentágono, obtuvieron una respuesta distinta: la compañía reafirmó su compromiso con contratos militares, mostrando menor disposición a ceder.

Organizar desde dentro: experiencias personales y desafíos

Tan y Redwine no escriben desde la distancia académica: vivieron y participaron en procesos de organización en empresas tecnológicas. Redwine fue una figura central en la campaña sindical en Kickstarter y fue despedida en 2019; ella atribuye su salida a represalias por su actividad organizativa, acusación que la empresa negó.

Esa experiencia personal les ayudó a documentar tácticas efectivas: movilización pública, alianzas internas, cartas abiertas y la utilización del poder simbólico de empleados talentosos para presionar a la dirección. Pero también identifican límites: sin estructuras de negociación formal como sindicatos o acuerdos colectivos, la organización queda a merced de ciclos económicos y decisiones estratégicas empresariales.

Lecciones para América Latina y hubs tecnológicos emergentes

Aunque el libro se centra en Silicon Valley y en empresas estadounidenses, sus lecciones son relevantes para líderes, responsables de recursos humanos y trabajadores de tecnología en América Latina. Algunas reflexiones aplicables a la región:

  • El capital humano es estratégico: cuando el mercado laboral favorece al talento tecnológico, los empleados tienen palancas reales para influir en decisiones corporativas. Por eso, condiciones que reducen esa demanda (recesiones, deslocalización, automatización) también reducen la capacidad de presión.

  • La organización colectiva importa: enfrentar choques tecnológicos y económicos con mayor capacidad de negociación requiere estructuras estables de representación que trasciendan campañas puntuales.

  • La gobernanza tecnológica y la ética no son solo debates académicos: las decisiones sobre contratos con el sector público, uso de IA en seguridad o prácticas laborales afectan reputación, retención y la posibilidad de atraer talento local.

Para empresas latinoamericanas que aspiran a crecer en el ecosistema global, comprender estas dinámicas puede ayudar a diseñar políticas internas más resilientes y a evitar conflictos públicos que dañen clima laboral y marca empleadora.

Mirando hacia adelante: ¿puede renacer el movimiento?

Tan y Redwine escribieron su libro en un contexto donde la organización laboral en tecnología parece haber perdido empuje. Pero la historia del movimiento muestra que la influencia no desaparece del todo: depende de factores económicos, organización institucional y la manera en que las empresas y sus empleados negocian el papel de la tecnología en la sociedad.

Los autores plantean que documentar estas luchas sirve no solo para entender qué funcionó y qué no, sino también para ofrecer pistas sobre cómo recuperar capacidad colectiva frente a nuevas disrupciones —incluida la propia inteligencia artificial. La pregunta abierta para empresas y trabajadores es si las lecciones de la última década se traducirán en cambios duraderos en la forma en que se organizan, negocian y construyen tecnología responsable.

Conclusión

El ascenso y la caída relativa del poder de los trabajadores tecnológicos en Silicon Valley no es solo una historia sobre protestas y contratos: es un relato sobre cómo el capital humano, la economía y las transformaciones tecnológicas interactúan para definir quién tiene voz dentro de las grandes plataformas. Para América Latina, la experiencia estadounidense ofrece advertencias y enseñanzas: la organización colectiva y la previsión ante cambios tecnológicos serán clave para dar forma a un sector tecnológico más justo y sostenible.

Fuente original: MIT News AI