Microplásticos en la comida de mascotas: el estudio que revela la exposición oculta
Investigadores hallaron microplásticos en 29 de 38 productos comerciales para mascotas. El trabajo vincula la contaminación a ingredientes, procesos y envases, y alerta sobre la exposición diaria de animales domésticos y su aporte al ciclo de contaminación.
Microplásticos en la dieta de mascotas: un problema menos visible
Los microplásticos ya no son solo una preocupación marina: se han infiltrado en la cadena alimentaria y en los cuerpos de animales terrestres. Un estudio reciente del equipo de la Universidad de Sussex, publicado en Environmental Toxicology and Chemistry, confirma que los alimentos comerciales para mascotas también contienen microplásticos, abriendo una vía de exposición cotidiana para perros, gatos y otros mamíferos.
Cómo empezó la investigación
La investigación se originó en 2021 tras un hallazgo inesperado en muestras de heces de erizos: “Encontramos plástico en el 19% de ellos”, dijo Emily Thrift, la autora principal. A partir de ese dato, el equipo buscó la fuente probable de esos microplásticos analizando los insectos que consumen los erizos —escarabajos, caracoles, babosas, lombrices, orugas y cochinillas— y el suelo de 51 sitios en Sussex, Reino Unido. Todos mostraron presencia de partículas plásticas, lo que confirmó la contaminación generalizada del entorno.
Qué analizaron y qué encontraron
Para explorar otra posible vía de exposición, los investigadores examinaron alimentos comercialmente disponibles que se usan en centros de rehabilitación y en jardines residenciales para alimentar erizos y otros mamíferos. El equipo analizó 38 productos disponibles en el Reino Unido —incluyendo alimentos secos y húmedos para perros, gatos y erizos— y procesó 228 muestras procedentes de distintos lotes.
Los resultados resumidos:
- Microplásticos detectados en 29 de los 38 productos analizados.
- En 18 productos, la contaminación apareció en más de una unidad de venta.
- Los investigadores identificaron 95 partículas de distintos polímeros, entre los que destacaron poliéster, poliacrilamida, polietileno y polipropileno.
El estudio también señaló una mayor frecuencia de positividad en productos de precio económico, lo que sugiere que la calidad de ingredientes y procesos podría influir en la contaminación, aunque no identificaron una causa única y definitiva.
Croquetas vs. alimento húmedo: concentración por gramo y exposición real
Los análisis revelaron que las croquetas o alimentos secos presentaban una mayor concentración de partículas por gramo. No obstante, esa no es la única dimensión a considerar. Dado que los alimentos húmedos tienen menor densidad energética, las mascotas deben consumir porciones mayores para cubrir sus necesidades calóricas, lo que incrementa la exposición diaria a microplásticos.
Usando los niveles promedio medidos en alimentos húmedos para perros, los autores estimaron que un perro grande, como un labrador, podría ingerir alrededor de 313 partículas de microplástico por día; en escenarios con mayor contaminación, esa cifra podría superar las 2,300 partículas diarias.
Comparación con alimentos humanos y relación con ingredientes animales
El estudio también encontró que, en comparación con investigaciones sobre comida para consumo humano, los alimentos para mascotas mostraban niveles más altos de microplásticos. Thrift y su equipo atribuyen esa diferencia, al menos en parte, a la calidad de los ingredientes: de los 21 productos que contenían derivados animales, 19 presentaron al menos una muestra con presencia de plástico, y en 13 productos detectaron plástico en dos o más muestras.
Entre las fuentes posibles de contaminación que discuten los autores están:
- Ingredientes, sobre todo subproductos cárnicos y materias primas no destinadas al consumo humano.
- Materias primas de origen marino o agrícolas ya contaminadas.
- Desgaste de maquinaria durante el procesamiento.
- Fibras desprendidas de ropa sintética del personal o del entorno de producción.
- Transferencia desde envases y materiales de embalaje.
Consecuencias para salud animal y el medioambiente
Aunque el estudio no evaluó directamente efectos sobre la salud de las mascotas, los autores recuerdan que la evidencia experimental creciente asocia microplásticos con problemas de fertilidad, disfunción orgánica y alteraciones en la salud general. Además, una parte importante de los microplásticos ingeridos es eliminada en las heces, lo que convierte a perros, gatos y fauna silvestre en vectores de contaminación terrestre y potenciales fuentes de microplásticos para suelos y sistemas acuáticos cercanos.
Esta doble vía —impacto sobre la salud individual y contribución al ciclo de contaminación— obliga a considerar las implicaciones más allá del alimento en sí.
¿Qué significa esto para América Latina? Contexto y puntos de atención
Si bien el estudio se realizó en el Reino Unido, sus hallazgos son relevantes para América Latina por varias razones:
- La producción y la importación de alimentos para mascotas en la región suelen incluir ingredientes diversos y cadenas de suministro largas, lo que puede ampliar las oportunidades de contaminación en cualquier eslabón.
- En muchos países latinoamericanos la relación entre personas y mascotas es muy estrecha: las mascotas comen alimentos industriales similares a los analizados, por lo que la exposición potencial existe.
- Las prácticas de gestión de residuos y la infraestructura para controlar microplásticos en ambientes urbanos y rurales varían entre países, lo que puede influir en la magnitud y el destino final de las partículas excretadas.
Sin embargo, faltan datos locales: es necesario replicar estudios en contextos latinoamericanos para entender niveles de contaminación, fuentes específicas y riesgos en poblaciones de mascotas y fauna nativa.
Qué pueden hacer los tomadores de decisión y los dueños de mascotas
Para autoridades y responsables de la industria:
- Priorizar investigaciones nacionales y regionales que cuantifiquen microplásticos en alimentos para mascotas y en su cadena productiva.
- Evaluar controles de calidad y trazabilidad que reduzcan la entrada de materiales contaminantes en ingredientes y procesos.
- Considerar regulaciones sobre empaques y prácticas industriales que minimicen la generación y transferencia de microplásticos.
Para dueños de mascotas y centros de rehabilitación:
- Ser conscientes de la posible contaminación y cubrir las necesidades nutricionales con productos de calidad reconocida, cuando sea viable.
- Mantener buenas prácticas de higiene en la manipulación y almacenamiento del alimento para reducir transferencias accidentales de fibras.
Conclusión
El estudio de la Universidad de Sussex añade evidencia de que los microplásticos están presentes incluso en alimentos destinados a animales domésticos y silvestres que se alimentan con productos comerciales. Más allá de la alarma inmediata, el hallazgo invita a revisar cadenas de producción, mejorar la investigación local y diseñar políticas que mitiguen tanto la exposición de mascotas como la contribución de estos desechos plásticos al medioambiente. Para los responsables en la región, el mensaje es claro: la contaminación por microplásticos ya no es solo un problema «de los océanos», sino una cuestión que toca la salud animal, la gestión de residuos y la seguridad de la alimentación en el entorno cercano a nuestros hogares.
Fuente original: Wired