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Laboratorio de la ONU en Valencia: una ventana para acordar la gobernanza global de la IA

Valencia alberga el Laboratorio de Gobernanza de la IA de la ONU, dirigido por Ana García Robles, con el propósito de articular mínimos globales y herramientas prácticas. Sus primeros informes proponen interoperabilidad, alfabetización gubernamental y auditorías participativas como ejes para reducir la fragmentación.

Por Redaccion TD
Laboratorio de la ONU en Valencia: una ventana para acordar la gobernanza global de la IA

Un laboratorio para articular reglas globales

Desde marzo, Valencia aloja el Laboratorio de Gobernanza de la Inteligencia Artificial para la Humanidad de las Naciones Unidas, una iniciativa nacida tras el primer diálogo global sobre gobernanza de la IA promovido por España y Costa Rica. El gobierno español apoyó la sede con una donación de tres millones de euros destinada a transformar propuestas en acciones concretas. El laboratorio depende de la Oficina de las Naciones Unidas para las Tecnologías Digitales y Emergentes (UNDET) y tiene como directora a la ingeniera de telecomunicaciones Ana García Robles.

La puesta en marcha de esta oficina responde a una idea clara: si la comunidad internacional necesita un foro para abordar de manera coordinada los riesgos y oportunidades de la IA, la ONU puede cumplir ese papel, tal como lo hace con el cambio climático. El laboratorio busca movilizar redes de expertos, gobiernos, sociedad civil y empresas para generar ideas y prototipos de políticas que funcionen en distintos contextos.

Qué están proponiendo los primeros informes

En sus primeros documentos públicos, el laboratorio abordó dos líneas principales: la interoperabilidad en la gobernanza de la IA y las prácticas del sector privado. El diagnóstico inicial es inequívoco: hay una proliferación de marcos regulatorios nacionales, estándares y enfoques institucionales que, aunque legítimos, producen fragmentación. Esa diversidad hace más difícil la cooperación internacional y puede crear vacíos regulatorios.

La propuesta central del laboratorio no es homogenizar reglas al extremo, sino definir “mínimos comunes” sobre los que cada país pueda construir sus marcos nacionales. Estos mínimos incluyen el respeto a los Derechos Humanos y principios sólidos de seguridad. Además, los informes plantean 14 líneas de acción prácticas que abarcan desde alfabetización en gobernanza hasta mecanismos de supervisión más participativos.

Líneas de acción relevantes para gobiernos y administraciones

Entre las recomendaciones destaca la alfabetización en gobernanza de la IA: que quienes toman decisiones públicas —desde funcionarios de compras hasta responsables de presupuesto— entiendan las implicaciones tecnológicas y regulatorias. Esa comprensión es clave para diseñar políticas más coherentes y evitar compras tecnológicas que comprometan soberanía o privacidad.

Otro punto es mapear equivalencias entre normas de distintos países, identificando riesgos, obligaciones y políticas comparables. Este mapeo facilitaría la interoperabilidad legal y técnica entre jurisdicciones. También se sugiere promover infraestructura digital pública interoperable y el desarrollo de modelos de IA de interés público para fortalecer la soberanía digital, una demanda relevante para América Latina, donde muchos estados buscan alternativas frente a la dependencia de proveedores externos.

Para la gobernanza práctica, el laboratorio impulsa auditorías participativas y comunitarias como mecanismos legítimos de control. Estas auditorías incluyen a la sociedad civil y a otros actores más allá de las auditorías técnicas tradicionales, ampliando la legitimidad y la transparencia de las evaluaciones.

El sector privado: oportunidades, riesgos y responsabilidad

El segundo informe recoge perspectivas del sector privado. El diálogo global de la ONU es multiagente: participan jefes de Estado, ministros y representantes de la industria. En las conversaciones con empresas de todo el mundo emergen coincidencias, como la necesidad de supervisión humana y de exigir responsabilidades. Sin embargo, no hay consenso claro sobre cómo gobernar modelos que evolucionan y se despliegan con gran rapidez.

Un reto evidente es la concentración del mercado: varias compañías —“cuatro o cinco”, según el diagnóstico— controlan más del 60% del mercado. Esa concentración complica la implementación de reglas globales sin el beneplácito de los actores dominantes. La estrategia del laboratorio se centra en seguir colaborando con estas empresas, buscando puntos de acuerdo y desarrollando contrapesos institucionales que reduzcan riesgos sistémicos.

Una idea concreta es que infraestructuras privadas puedan ser interoperables y de uso público en ciertos ámbitos, combinando eficiencia privada con control público. Esto contribuiría a modelos de gobernanza que preserven innovación y, a la vez, protejan intereses públicos.

Contexto geopolítico y la ventana de oportunidad

El contexto geopolítico actual es complejo: la ONU, en ocasiones, enfrenta cuestionamientos y tensiones entre grandes potencias. Sin embargo, el diálogo global sobre gobernanza de la IA fue aprobado por unanimidad en 2025, con la adhesión de países como Estados Unidos. Esa aprobación abre una ventana de oportunidad que, según la dirección del laboratorio, podría ser de las últimas para acordar mínimos globales antes de que la tecnología avance aún más y haga más difícil regularla de forma coordinada.

La estrategia del laboratorio es, justamente, aprovechar ese espacio de consenso inicial para construir bases robustas y duraderas. El trabajo debe ser continuo y adaptativo, porque los desarrollos tecnológicos no esperan y la gobernanza necesita actualizarse con la velocidad necesaria.

Qué significa esto para América Latina

Para los países latinoamericanos, la iniciativa del laboratorio ofrece varias oportunidades prácticas. Primero, participar en los diálogos y en el proceso de mapeo de normas permite adaptar los mínimos globales a realidades domésticas, cuidando la protección de derechos y la promoción de la innovación local. Segundo, las recomendaciones sobre modelos de IA de interés público y sobre infraestructura interoperable pueden ayudar a los gobiernos a reducir dependencia tecnológica y a construir capacidades regionales.

Además, la apuesta por auditorías participativas y alfabetización gubernamental es especialmente relevante en contextos donde la confianza en instituciones públicas y la capacidad técnica varían ampliamente. Fortalecer capacidades técnicas en la administración pública y promover transparencia en despliegues de IA pueden mejorar la aceptación social y la efectividad de las políticas.

Hacia una gobernanza práctica y plural

El Laboratorio de Gobernanza de la IA para la Humanidad no busca imponer una única receta, sino facilitar que exista un piso común de derechos y seguridad sobre el que cada país construya su estrategia. Sus propuestas combinan análisis técnico con herramientas prácticas: interoperabilidad, alfabetización, auditorías comunitarias, y diálogo continuo con el sector privado.

Queda por ver cómo se concretarán estas propuestas en acuerdos internacionales y en políticas nacionales. Lo cierto es que la iniciativa coloca a la ONU y a Valencia en el mapa de la gobernanza de la inteligencia artificial y ofrece a gobiernos, empresas y sociedad civil una plataforma para intentar sincronizar esfuerzos antes de que la fragmentación normativa sea demasiado costosa.

Para tomadores de decisión en América Latina, la recomendación es clara: participar activamente, fortalecer capacidades internas y promover soluciones que combinen soberanía digital con cooperación internacional. El tiempo para construir mínimos globales no es infinito; la pregunta es si gobiernos y actores privados aprovecharán esta oportunidad para crear marcos de gobernanza que protejan derechos y fomenten innovación sostenible.

Fuente original: El Pais IA