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Fracking humano, santuarios y los bares: cómo proteger la atención en la era de la IA

Graham Burnett, historiador de la ciencia de Princeton, advierte que las grandes plataformas extraen nuestra atención mediante modelos de negocio diseñados para enganchar. Propone crear "santuarios" —desde bibliotecas hasta bares— donde reaprender la presencia y reconstruir hábitos colectivos.

Por Redaccion TD
Fracking humano, santuarios y los bares: cómo proteger la atención en la era de la IA

La metáfora: “fracking humano”

Graham Burnett, historiador de la ciencia y académico en la Universidad de Princeton, utiliza una imagen deliberadamente chocante para describir el funcionamiento de las grandes plataformas digitales: el “fracking humano”. Con ella señala que, más allá de ofrecer servicios, estos modelos de negocio extraen atención de manera sistemática y sostenida, con efectos que afectan tanto a individuos como a comunidades.

Según Burnett, la metáfora es potente por dos razones: pone en primer plano la violencia extractiva del modelo económico de las plataformas y subraya la novedad radical de esa práctica. Igual que el fracking petrolero inyecta sustancias para romper estructuras y extraer un recurso, las plataformas bombardean estímulos para alterar estructuras cognitivas y monetizar la atención.

Datos y contexto: más tiempo frente a pantallas, más diagnósticos

Burnett recuerda que en la última década el tiempo que pasamos frente a pantallas se ha multiplicado hasta superar el 40% del tiempo que estamos despiertos. También señala que en Estados Unidos el 11% de niños y jóvenes han sido diagnosticados con trastorno por déficit de atención e hiperactividad (TDAH). Si bien no sostiene que las pantallas sean la causa única, destaca la coincidencia entre la era de mayor exposición digital y el aumento de esos diagnósticos.

Estos datos sirven para enmarcar la discusión: no se trata solo de consumidores desprevenidos, sino de un fenómeno de escala social que exige respuestas colectivas, tanto culturales como regulatorias.

Santuarios: una propuesta práctica y cultural

Ante ese escenario, Burnett pasó de la crítica al activismo. Fundó el colectivo Amigos de la Atención (Friends of Attention), que propone talleres y la creación de espacios comunes libres de tecnología: los llamados “santuarios”. La intención es simple y amplia: recuperar lugares donde la presencia y la atención sean la norma.

Cuando la gente imagina un santuario suele pensar en un espacio espiritual, pero Burnett amplía el concepto: puede ser una biblioteca, una fiesta con amigos o, incluso, un bar. “Los bares funcionan como un santuario contra las redes sociales”, afirma. La idea subyacente es que ciertos espacios sociales ya operan como contrapeso a la lógica de las plataformas y pueden convertirse en ejemplo para diseñar prácticas colectivas que favorezcan la atención plena.

Tecnología versus modelo de negocio

Un punto clave en su diagnóstico es distinguir el dispositivo del modelo económico. El teléfono y las aplicaciones no son, por sí solos, el problema; el verdadero agente es el diseño comercial que convierte la atención en un recurso explotable. Atribuir los efectos a la tecnología tiende a absolver a las personas y a las instituciones que la diseñan y financian.

Por eso Burnett advierte contra el determinismo tecnológico: si creemos que los sistemas tienen agencia autónoma, nos volvemos pasivos. En cambio, si reconocemos que hay decisiones humanas detrás de esos modelos, también vemos espacios de intervención: cambios culturales, regulación y nuevas prácticas de diseño más respetuosas con la atención.

¿Prohibir o educar? El papel de las políticas públicas

En la entrevista Burnett se declara activista y académico, no un especialista en políticas públicas, y explica que su foco está en el cambio cultural. Sin embargo, valora algunas medidas como la prohibición de teléfonos en las escuelas, aunque advierte que las prohibiciones pueden tener efectos contrarios si no van acompañadas de formación y hábitos sostenibles.

Su enfoque es pragmático: primero transformar el lenguaje y la comprensión cultural del problema —qué significa la atención, por qué importa—; después, promover políticas coherentes con esos valores. En su visión, las leyes deben construirse sobre un consenso social que reconozca el daño de modelos extractivos y la necesidad de proteger espacios de convivencia real.

¿Y si a alguien le gustan sus redes?

A quienes disfrutan de las redes, Burnett propone una mirada más transparente: “abrir el capó del dispositivo” para entender cómo funcionan estos sistemas. Explica que, detrás de la interfaz amable, hay algoritmos que monitorizan y moldean preferencias mediante microajustes y mecanismos de recompensa variable, comparables a la dinámica de las máquinas de juego. Es, dice, un “hackeo biológico” a gran escala que opera con escasa regulación.

Su punto no es demonizar la tecnología, sino evidenciar los mecanismos para que las personas puedan elegir con conocimiento y diseñar entornos personales y colectivos que no sean vulnerables a ese diseño extractivo.

Relevancia para América Latina

Aunque Burnett habla desde referencias y datos centrados principalmente en Estados Unidos y Europa, sus observaciones resuenan en América Latina. En muchas ciudades latinoamericanas, bares, plazas y cafés siguen siendo centros de sociabilidad donde la conversación y la presencia tienen valor social. Pensar esos lugares como santuarios potenciales ofrece una vía práctica para combatir la fragmentación atencional que generan las plataformas.

Además, la región enfrenta desafíos particulares: desigualdad en el acceso a educación digital, marcos regulatorios en proceso de definición y una emergencia de modelos de negocio locales que replican las dinámicas extractivas globales. Por eso, promover prácticas culturales y espacios de atención puede ser un primer paso con impacto local inmediato.

Un llamado a la acción

Burnett no propone soluciones mágicas: su apuesta es por una combinación de cambio cultural, diseño responsable y, eventualmente, regulación informada. Insiste en que estas tecnologías también tienen potencial emancipador si se usan conscientemente: pueden potenciar creatividad, conexión y pensamiento.

Para profesionales, líderes educativos y responsables de políticas en América Latina, las lecciones son claras: entender los incentivos detrás de las plataformas, proteger espacios públicos y comunitarios como santuarios de atención, y acompañar cualquier medida restrictiva con educación y creación de hábitos. En palabras de Burnett, reproducidas por su movimiento, “Solo la atención plena y consciente hará libres a las personas”.

En última instancia, la invitación es doble: abrir el debate público sobre cómo queremos que la tecnología se integre en nuestras vidas y recuperar, en lo cotidiano, prácticas y lugares que sostengan la presencia frente al ruido digital.

Fuente original: El Pais IA