Etica e IA 6 min lectura

Erratas como distinción: por qué hoy fingir imperfección puede decir «soy humano»

Ante la proliferación de textos generados por IA, muchos autores incorporan erratas y un tono más humano para demostrar que no han delegado la escritura. Esta práctica plantea dilemas éticos y prácticos para profesionales y organizaciones.

Por Redaccion TD
Erratas como distinción: por qué hoy fingir imperfección puede decir «soy humano»

La anécdota: un truco que reveló una tendencia

Un estudiante de Harvard, Ben Horwitz, comprobó algo que hoy ya suena como síntoma: envió correos a cinco directores generales y obtuvo cuatro respuestas. No usó un asunto brillante ni una carta de presentación perfecta; creó una pequeña app que imitaba el estilo imperfecto de esos ejecutivos: falta de saludos, frases muy breves y hasta erratas deliberadas. La aplicación, llamada Sinceerly, transforma textos prolijos —los que generan las IA— en mensajes más torpes: tres niveles —«sutil», «humano» y «CEO»— para distintos grados de descuido intencionado.

Más allá del ingenio y del posible negocio, la anécdota ilustra una dinámica emergente: la corrección excesiva empieza a ser vista como sospechosa y la imperfección como prueba de esfuerzo humano.

¿Por qué una errata indica autenticidad?

En un entorno donde la generación automática de texto está al alcance de la mano, detectar qué es humano y qué no se ha convertido en un valor. Horwitz admite que él mismo ha adoptado ese comportamiento: escribe con errores a propósito para que el receptor perciba una huella humana. La idea no es solo provocar simpatía; es señalar que quien firma el mensaje no ha delegado la tarea.

Profesionales que revisan trabajos académicos o correos corporativos reconocen el efecto. El catedrático Julio Alonso comenta que, en ocasiones, su percepción intuitiva valora más un texto con fallos porque lo interpreta como resultado del propio esfuerzo del autor y no del uso de una IA. Ese sesgo explica por qué algunos comunicadores y publicistas prefieren asuntos con una errata: aumentan las aperturas, porque transmiten humanidad.

Un círculo vicioso y la carrera por la naturalidad

Lo que hoy es señal puede convertirse en estándar y generar un efecto paradójico: si todos introducen errores deliberadamente, la IA tendrá que imitarlos para seguir siendo convincente. La investigadora Jenna Russell advierte sobre este potencial «círculo vicioso»: cuanto más usamos y detectamos textos de IA, más se van marcando y adaptando los rasgos que entendemos como no humanos.

A su vez, conocer bien las señales de la escritura automática puede volverse un arma de doble filo. Quienes más usan IA suelen ser los mejores para identificar texto generado por ella, porque reconocen sus patrones y limitaciones. Sin embargo, esos patrones cambian con las actualizaciones de los modelos, lo que alimenta una competencia entre detección y simulación.

Herramientas y límites de la detección

Existen herramientas que intentan identificar si un texto fue generado por IA —se mencionan Pangram y GPTZero como opciones aceptables, al menos para el inglés—, pero ninguna ofrece una certeza absoluta. La detección basada en marcadores estilísticos tiene límites: los modelos mejoran, los usos cambian y los «tell-tales» tradicionales dejan de ser fiables.

Russell y su equipo exploraron otro enfoque: en lugar de fijarse en rasgos superficiales, analizaron diferencias estructurales y de contenido. Entrenaron un modelo con más de 10.000 relatos humanos y 50.000 escritos por IA y lograron distinguir orígenes sin usar rasgos estilísticos per se. Es un avance interesante, pero la investigadora reconoce que aún falta camino para comprender las diferencias profundas entre pensamiento humano y generación algorítmica.

Lo que esto significa para Latinoamérica

La tendencia influye directamente en organizaciones, medios y universidades de la región. En contextos donde la reputación personal y la red de contactos son clave, mostrar autenticidad puede ser un factor diferencial. Sin embargo, hay riesgos: normalizar la introducción deliberada de errores como «prueba» puede degradar estándares de calidad y generar confusión sobre lo que es comunicación profesional.

En educación, por ejemplo, la sospecha sobre si un trabajo fue escrito por un estudiante o por una IA complica la evaluación. Algunos docentes pueden tender a valorar trabajos con más errores; otros, a penalizarlos. En entornos corporativos, la presión por parecer «humano» podría llevar a prácticas poco éticas: fingir insuficiencia o deliberadamente rebajar la calidad para conseguir credibilidad.

Además, el español de Latinoamérica tiene variaciones regionales, muletillas y registros propios que no siempre son bien replicados por modelos entrenados mayoritariamente en inglés. Eso puede jugar a favor de los autores locales si logran mantener una voz distintiva; pero también abre la puerta a sesgos y malos entendidos si se recurre a atajos generativos sin control.

Recomendaciones prácticas para profesionales y organizaciones

  • Cultivar la voz propia: desarrollar un tono auténtico y consistente es la defensa más sólida contra la sospecha de automatización. La voz se construye con elección de temas, puntos de vista y frases recurrentes.
  • Transparencia en el uso de IA: cuando la herramienta se usa para apoyar procesos (borradores, correcciones), documentarlo puede ser preferible a fingir imperfecciones.
  • Priorizar ideas sobre trucos: la innovación en contenido y argumento resulta más difícil de falsificar que una simple falta de ortografía. Enfatizar ideas originales reduce el incentivo de jugar al gato y al ratón con la detección.
  • Formación y políticas internas: empresas y universidades deben actualizar criterios de evaluación y códigos de buenas prácticas para el uso de generadores de texto.

¿Debemos celebrar las faltas? No necesariamente

Las erratas no son un premio ni una garantía de autenticidad moral. Son solo una señal en un contexto concreto. Depender de ellas como prueba puede empobrecer la comunicación y reforzar una dinámica de desconfianza.

La discusión va más allá del estilo: plantea preguntas sobre cómo valoramos el trabajo humano y qué tipo de confianza queremos construir en las relaciones profesionales. En lugar de normalizar la imperfección deliberada, el desafío para la región es formar autores capaces de expresar ideas propias con una voz reconocible y mantener estándares de calidad, aun integrando herramientas de IA cuando aporten valor.

Conclusión

En la era de la escritura automatizada, la imperfección se ha convertido en un signo de distinción. Pero convertir la falta de ortografía en un certificado de autenticidad es una solución frágil y potencialmente contraproducente. Lo importante para empresas, periodistas y responsables educativos en Latinoamérica será fomentar voces claras, procesos transparentes y criterios actualizados que prioricen las ideas y la integridad comunicativa por sobre los trucos estilísticos.

Fuente original: El Pais IA