Dormir como prioridad: por qué la era de la hiperconexión convirtió al sueño en un negocio
El catedrático Alfredo Rodríguez-Muñoz advierte que vivimos una paradoja: sabemos que el sueño es fundamental, pero la cultura digital y modelos de negocio extraen horas de descanso. El resultado: soluciones parche y graves costos para la salud y la productividad.
El sueño como infraestructura invisible
Alfredo Rodríguez-Muñoz, catedrático de Psicología en la Universidad Complutense de Madrid y autor de Dormir para vivir (Kailas, 2026), plantea una idea contundente: el sueño es el sistema más sofisticado de reparación del organismo. Negarlo es comparable a pedir a un motor que funcione sin apagarlo nunca: puede aguantar un tiempo, pero terminará fallando.
Esa metáfora resume la tensión central del libro: hoy hay conocimiento científico amplio sobre la importancia del sueño, pero la práctica social avanza en sentido contrario. En España, por ejemplo, la Sociedad Española de Neurología reporta que la mayoría de los adultos —el 54%— duerme menos de las horas recomendadas. Mientras tanto, crece un mercado próspero alrededor del descanso: fármacos y suplementos, colchones y almohadas inteligentes, hoteles que venden “experiencias de sueño”, pulseras y aplicaciones que miden la noche.
La paradoja: más información, peor descanso
Rodríguez-Muñoz describe la situación como una paradoja histórica. Nunca se supo tanto sobre el papel del sueño para la memoria, la reparación metabólica, la regulación emocional y la productividad, y sin embargo muchas personas duermen menos que antes. La explicación no está en la falta de información, sino en el contexto: una cultura de hiperconexión, disponibilidad constante y exigencia de rendimiento continuo que dificulta aplicar lo que sabemos.
El lenguaje también influye. Aún persisten expresiones utilitaristas que ven el sueño como tiempo perdido, e incluso se ha convertido en una suerte de “medalla” del agotamiento: presumir cansancio como prueba de productividad. Cambiar esa narrativa es clave para restaurar el estatus del descanso como prioridad de salud.
La industria que se alimenta de la falta de sueño
Una afirmación contundente del autor es que algunas empresas tecnológicas se benefician directamente de que la gente duerma menos. Señala, además, declaraciones públicas de responsables de plataformas que reconocen que el sueño puede ser su mayor rival: en una economía de la atención, más tiempo conectado significa mayor consumo de contenidos.
El fenómeno es doble: primero se erosionan las horas de sueño por diseño cultural y tecnológico; luego surge una oferta comercial que promete soluciones rápidas: desde pastillas y complementos hasta dispositivos que «mejoran» el descanso. Rodríguez-Muñoz lo resume con una imagen crítica: te quitan el sueño y luego te venden la almohada. Es decir, muchas propuestas son paliativos, no intervenciones que resuelvan la causa.
La ilusión de productividad y sus costos reales
Privarse del sueño produce una sensación engañosa: al aumentar cortisol y estados de alerta, algunas personas sienten que rinden más. Pero la evidencia de laboratorio es clara: la privación aumenta errores, reduce la atención y empobrece las funciones ejecutivas. El rendimiento aparente se desvanece frente a una eficacia real inferior.
Los costos van más allá de la ineficiencia. Dormir poco afecta la salud física y mental y tiene repercusiones sociales y éticas: altera la capacidad para evaluar el entorno, incrementa el estrés y puede desencadenar ciclos donde la mala calidad del sueño empeora las relaciones laborales y personales.
Sueño y trabajo: el amortiguador olvidado
En el ámbito laboral, el sueño funciona como un amortiguador frente al estrés y las exigencias diarias. Rodríguez-Muñoz ha observado que, al mejorar el descanso de los trabajadores, se produce una mejora en múltiples indicadores: menor reactividad, mejor toma de decisiones y mayor resiliencia.
Por eso varias empresas están empezando a incorporar políticas y programas que consideran el sueño como parte del bienestar laboral. Aunque el texto original se interrumpe al listar ejemplos, la idea central es clara: intervenir sobre el descanso tiene efectos positivos en la organización y en la calidad de vida de los empleados.
¿Qué puede hacer Latinoamérica? Contexto y prioridades
En América Latina existen factores culturales y económicos que agravan la tensión entre trabajo y sueño: jornadas irregulares, desplazamientos largos, multitrabajo y un crecimiento rápido del uso de dispositivos móviles. Todo esto convive con una oferta tecnológica y comercial que reproduce modelos de atención extractiva similares a los observados en Europa o Estados Unidos.
Las soluciones no pasan solo por dispositivos o productos comerciales. Para cambiar el patrón es necesario actuar en varios frentes: promover una narrativa que dignifique el sueño, repensar horarios laborales y culturales, diseñar políticas públicas de salud que integren el descanso y capacitar a empresas para que consideren el sueño como inversión en productividad y salud.
Recomendaciones prácticas para organizaciones y tomadores de decisión
- Recuperar el lenguaje: comunicar el sueño como inversión y no como pérdida de tiempo.
- Revisar horarios y expectativas de disponibilidad: limitar comunicaciones fuera de horario y evitar la cultura de respuesta inmediata como norma.
- Programas de bienestar que incluyan educación sobre higiene del sueño y herramientas prácticas (no solo vender gadgets).
- Promover entornos laborales que reduzcan el estrés crónico: diseño de turnos, descansos reales y apoyo a la salud mental.
- Evaluar críticamente las soluciones tecnológicas: distinguir entre herramientas útiles para seguimiento y las que son parches comerciales sin impacto real.
Conclusión: priorizar el descanso no es nostalgia, es estrategia
La invitación principal de Dormir para vivir es convertir al sueño en una prioridad colectiva y organizacional. No se trata de romanticismo ni de volver a un pasado idealizado: es reconocer que, en un contexto de alta velocidad y atención fragmentada, el descanso es la palanca que sostiene la salud, la productividad y la convivencia.
Para gobiernos y empresas en América Latina, esto supone un desafío y una oportunidad: reconfigurar prácticas y políticas que permitan a las personas recuperar las horas de sueño que la economía de la atención les viene quitando, y dejar de depender de soluciones comerciales que a menudo solo parchean el síntoma.
El mensaje final es claro y práctico: dejar de premiar el cansancio y empezar a diseñar entornos —laborales, urbanos y digitales— donde dormir sea una prioridad compatible con el desarrollo económico y el bienestar social.
Fuente original: El Pais IA